Tema central

Sendero Luminoso: teoría y praxis


Nueva Sociedad 89 / Mayo - Junio 1987

Este artículo presenta un resumen histórico del Partido Comunista del Perú, más conocido como Sendero Luminoso. Señala su origen mítico e historiográfico a la vez que analiza su teoría política y praxis revolucionaria. Varios meses de trabajo de campo en Lima, Ayacucho, Trujillo, Cajamarca, Cuzco y otros lugares del Perú, el examen de muchos documentos y entrevistas con políticos de todas las corrientes complementan las fuentes secundarias utilizadas para preparar este trabajo y otros que sobre la materia ha escrito el autor. Su conocimiento de la ideología de Mariátegui, del pensamiento de Mao Tse-tung y de las corrientes mesiánicas en su patria le han ayudado a evaluar certeramente el sustento filosófico y el comportamiento guerrillero de Sendero. Sobre un trasfondo de mesianismo andino, el autor percibe en el PCP-SL una sui generis interpretación del marxismo-leninismo basada en una selección subjetiva del pensamiento mariateguista y maoísta, e identifica irracionalismo y voluntarismo en su conducta política.

<p>Sendero Luminoso: teoría y praxis</p>

El Partido Comunista Peruano (PCP), fundado por Eudocio Ravines por orden de la Comintern en 1930, se organizó con la mayoría de los ocho compañeros que ayudaron a José Carlos Mariátegui a fundar el Partido Socialista del Perú (PSP) en 1928. Los que se opusieron al cambio de nombre del PSP establecieron después otro partido socialista o se inscribieron en el Partido Aprista Peruano (PAP), organizado en Lima pocos meses más tarde. El Partido Comunista del Perú, conocido como Sendero Luminoso (PCP-SL), no es sino uno de los varios partidos escindidos del PCP fundado en 1930, algunos de los cuales ya no existen. Todos, sin embargo, usaron la sigla PCP al establecerse.

El fenómeno político del PCP-SL cuenta ya con una bibliografía de más de doscientos artículos de revistas y capítulos de libros que han intentado explicar su ideología, organización y praxis político-militar. Este ensayo aspira a contribuir a una comprensión más precisa de Sendero Luminoso. Está parcialmente fundamentado en las fuentes primarias que usé para escribir “Opciones políticas peruanas” (1) y la conferencia sobre el tema dictada en el Seminario Latinoamericano de la Universidad de Columbia el 2 de abril de 1987.

Orígenes míticos

Una de las explicaciones menos convincentes del fenómeno senderista ha sido la mesiánica. Según ella, el PCP-SL se vincula con la ideología centrada en el principio unificador destinado a reimponer un orden en el mundo destruido por la conquista española. En el siglo XVI Guamán Poma de Ayala explicó cómo la Conquista había desquiciado el mundo andino. En su deseo de reordenarlo, los andinos del período colonial idearon explicaciones en torno al Taki Ongoy y el mito de Inkarrí, cuyo tema central sostiene que el caos virreinal sólo puede terminarlo un agente extrahumano reordenador del universo. Hoy día Sendero representaría ese agente reestructurador del mundo. Así, la atemporalidad y coherencia de las categorías del pensamiento andino en sus vertientes mesiánica y milenarista sustentan la interpretación mítica de Sendero. Aparentemente, el remozamiento de esta creencia en el espinazo sudamericano nace al identificar el objetivo final del senderismo con la solución de la disyunción nativa mediante el empleo de las cuatro espadas esgrimidas por los teóricos del PCP-SL: la marxista, la leninista, la maoísta y la del pensamiento de Abimael Guzmán Reynoso, el “Presidente Gonzalo”, su jefe máximo. La respuesta andina al reto histórico se haría por medio de la revolución heterodoxa y no a través de una simple rebelión tradicional.

Si bien los dirigentes del PCP-SL son mayoritariamente mestizos y blancos, sus huestes, como en las campañas de la primera independencia del siglo pasado, están integradas principalmente por indios y mestizos. Si se tiene en cuenta esto, no es difícil aceptar que muchos de los indígenas de hoy concierten la prédica senderista con el mito de Inkarrí y perciban a Sendero como la fuerza suprarracional capaz de proveer la inversión simétrica del caos, no para retornar al orden incaico (2), sino para imponer un orden distinto. Además, si es verdad que el PCP-SL nunca ha endosado la tesis mesiánica, es igualmente cierto que sus documentos se han referido repetidas veces a la tarea de recuperar la resistencia india en la región andina y a exaltar la importancia histórica de Juan Santos Atahualpa, Tupac Amaru, Atusparia y otros caciques indios rebeldes.

Orígenes históricos

En el nivel empírico, el origen inmediato de Sendero Luminoso tiene lugar en enero de 1964, cuando en la IV Conferencia del PCP se produce la escisión de los defensores de la línea china del tronco central para fundar otro partido con el mismo nombre. Jorge del Prado fue ratificado en la secretaría general del partido fiel a la línea soviética (PCURSS). En cambio, Saturnino Paredes resultó elegido secretario general de la facción escindida, con la ayuda de Abimael Guzmán, entonces jefe del comité de Ayacucho. Bandera Roja, periódico oficial del nuevo PCP, sirvió para distinguirlo de la facción de Jorge del Prado, identificada con el semanario Unidad.

La facción escindida, el PCP-BR, postuló el estudio de Mariátegui y el inicio de la lucha armada. Creía que los revolucionarios no deben esperar el desarrollo espontáneo de las condiciones subjetivas; al contrario, están en la “obligación de crearlas, desarrollarlas y organizarlas” (3). Su Conferencia Nacional de noviembre de 1965, siguiendo a Mariátegui, caracterizó la sociedad peruana como semifeudal y semicolonial, y siguiendo a Mao, adoptó la táctica revolucionaria que marcha del campo a la ciudad en una guerra popular prolongada.

El proceso guerrillero del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, dirigido por el aprista rebelde Luis de la Puente Uceda y Guillermo Lobatón en 1965, agudizó los problemas internos del PCP-Bandera Roja. Durante sus luchas intestinas, Abimael Guzmán, responsable de los editoriales de Bandera Roja, trató de separarse de los conflictos internos hasta que presidió el II Pleno del Comité Central del PCP-BR en febrero de 1970. En sus sesiones se criticó la línea “liquidacionista”, el culto a la personalidad y el descuido del trabajo clandestino por parte de la dirigencia de Saturnino Paredes, quien había recopilado frases y slogans suyos en un libro semejante al Libro Rojo de Mao. Con ese antecedente se lleva a cabo la ruptura entre Paredes y Guzmán. La facción de aquél continuó controlando la organización vinculada con el Partido Comunista Chino (PCCH). La de Guzmán, en cambio, retuvo Bandera Roja y se afincó en el ámbito universitario. Uno de sus organismos más activos era el Frente Estudiantil Revolucionario (FER), cuyo membrete oficial lucía el lema “Por el Sendero Luminoso de Mariátegui”, de donde provienen el apelativo y la sigla PCP-SL generalizados por la prensa en substitución del nombre y sigla oficiales. La célula más importante del FER se organizó en la Universidad San Cristóbal de Huamanga, donde Guzmán profesaba desde 1962, contratado por el rector Efraín Morote, identificado por algunos como uno de los ideólogos del movimiento (4).

Primera etapa (1970-1980)

La preocupación principal del PCP-SL como entidad independiente fue presentarse como un partido organizado a nivel nacional. El paciente trabajo se realizó principalmente desde la Universidad San Cristóbal de Huamanga, fundada en 1677 y reabierta en 1959 tras ochenta años de inactividad. Aunque desde el primer momento el PCP-SL expresó su vocación por la lucha armada, se entregó a la tarea preparatoria de “retomar a Mariátegui” para “reconstruir el partido”; esto es, reorganizarlo y esclarecer su ideología. Ya en 1967 el Comité Central del PCP-BR había intentado explicar lo que “camino de Mariátegui” significaba: “en la teoría adherir al marxismo-leninismo y, en la práctica, desarrollar la violencia revolucionaria para aplastar la violencia reaccionaria e implantar la dictadura de la democracia popular, en esencia, la dictadura del proletariado” (5).

Al parecer, los senderistas habían descubierto que la contribución sustancial de Mariátegui radica en su habilidad para otorgarle irracionalidad al marxismo, en reconciliar a Marx con Proudhon, en aunar el marxismo con elementos del anarquismo, en transformarse, como Sorel, no en revisionista del autor de El Capital, sino en un renovador y continuador de su obra. El pensador peruano, como Mao, les mostró cómo la experiencia bolchevique genera sus propias contradicciones, y por qué los revolucionarios de otras latitudes deben obrar a su manera, conforme a su realidad, su propia psicología y, sobre todo, su propia tradición histórica. Los dirigentes de Sendero reivindicaron su explicación de la lucha final y su teoría del mito revolucionario. Mariátegui les reveló que la revolución bolchevique, según la dialéctica hegeliana, trae los gérmenes de su propia superación.

En Mariátegui también encontraron ideas para desarrollar su feminismo bélico. A la vez que privilegiaban los escritos más radicales de Mariátegui, leían los trabajos de Mao, especialmente su explicación de la “Nueva Democracia”, el Yu Chi chan (guerra de guerrillas) y “El viejo tonto que removió las montañas”. En octubre de 1975 el PCP-SL sintetizó su evaluación de Mariátegui, justificó la jefatura y la mística revolucionarias y remató este aprendizaje en el axioma: “Para un revolucionario, una prisión es simplemente un accidente de trabajo” (6).

Tras dedicarle varios años a esta primera tarea, los senderistas asumieron la ardua labor de “reconstruir el partido” y adecuarlo a la lucha final. Así, desplazaron sus cuadros hacia las zonas rurales para convivir con los campesinos y capacitarlos en la violencia revolucionaria. Debido al alto índice de analfabetismo en las comunidades indias, Sendero optó por la comunicación oral y dejó lo escrito para la dirección y los cuadros medios. Esta decisión podría explicar por qué el PCP-SL ha publicado pocos documentos, esquemas de estudios y guías para sus militantes. El Censo de 1961 indica que en el departamento de Ayacucho el 90 por ciento de la población era rural y casi el 73 por ciento de su población adulta era analfabeta.

Sendero puso especial atención en el magisterio, el estudiantado universitario y los estratos pobres de la población, a la vez que respaldó las huelgas organizadas por el poderoso Sindicato Unico de Trabajadores de la Educación Peruana (SUTEP). El apoyo lo rendía, directa o indirectamente, por medio de organismos infiltrados, como el Frente Clasista Magisterial (7), cuyos boletines de 1966 a 1971 y de 1975 para adelante explican la dinámica participación de los maestros de escuela en la consolidación y desarrollo del PCP-SL.

Desde el comienzo, la teoría política senderista se basa en el rechazo de la vía legal y se inclina por el trabajo clandestino. Su praxis se fundamenta en cuatro premisas: 1) Perú es un Estado semifeudal y semicolonial; 2) la burguesía es burocrática; 3) la guerra revolucionaria debe desarrollarse del campo a la ciudad; y 4) Perú vive una situación revolucionaria.

Hasta 1974 el principal foco de operaciones del PCP-SL se encontraba en la Universidad de Huamanga. Ahí, Abimael Guzmán reclutó a unos cincuenta profesores y estudiantes, como Luis Kawata, Osmán y Katia Morote, Julio Casanova y otros futuros dirigentes de su movimiento. Empero la labor en otras universidades del país también era significativa. Como ella se llevaba a cabo por intermedio del FEP y agrupaciones semejantes, en pocos años conquistó la dirección estudiantil de varias universidades de Lima y provincias. Durante esta época, Sendero intensificó su crítica a los revisionistas soviéticos y sus partidarios peruanos, el PCP-Patria Roja y al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), que auspiciaba la táctica foquista. En 1973 su crítica se centró en el Sistema Nacional de Apoyo a la Movilización Social (SINAMOS) y la reforma educativa. Al año siguiente, sin embargo, Sendero perdió la dirección de la Federación de Estudiantes y su influencia en el Consejo Ejecutivo de la Universidad de Huamanga. Fueron golpes duros que lo obligaron a replegarse a la clandestinidad.

El relevo de la dirigencia en la República Popular China y el acercamiento sino-norteamericano repercutieron en Los Andes. El PCP-SL defendió a Mao y censuró al nuevo gobierno de Beijing. Experto en el uso de símbolos, expresó su simpatía política colgando perros, pintando en las paredes condenas a Ten Hsiao-ping y saludando a la pandilla de los cuatro. Suspendió temporalmente la clandestinidad para exteriorizar públicamente sus preferencias y rechazos e intensificar sus esfuerzos de extramuros universitarios con el fin de fortalecer los vínculos con los sindicatos. En esta encrucijada, poco antes de las elecciones para elegir representantes a la Asamblea Constituyente de 1978, jóvenes senderistas salieron disciplinadamente por la madrugada a recorrer las calles de Huamanga para dar vivas a la subversión, propagar el abstencionismo en los comicios y pintar en las paredes lemas como “¡Abajo la reestructuración del Estado burgués!” y “¡Viva la lucha armada!”

Esta temporal exposición pública no les restó fuerzas para mantener las escuelas de adoctrinamiento, que, como otras empresas suyas, permanecieron herméticamente cerradas a los ojos del público. Los cuadros se organizaron con extremada precaución. La pérdida de la influencia senderista en la Universidad de Huamanga fue compensada con el progreso en la proselitización del campesinado y de los estratos pobres urbanos y rurales, de los miembros de las comunidades indias y de los trabajadores en las aldehuelas ayacuchanas. En abril de 1978 el PCP-SL justificó la violencia revolucionaria, partera de la historia, en su documento “¡Contra las ilusiones constitucionales y por el Estado de la Nueva Democracia!” En septiembre lanzó otro documento importante: “¡Desarrollemos la creciente protesta popular!” A fines de ese año sus cuadros dirigentes cesaron definitivamente de presentarse en público: el perfil dogmático y violento del movimiento se acentuó.

El 15 de abril de 1980, durante su VI Congreso Nacional del PCP-SL, el Pleno del Comité Central anunció que se había reconstruido el partido y consecuentemente se ponía fin al período prebélico. Cuando se le incorporaron contingentes del MIR y de la Vanguardia Político-Militar, Sendero decidió que ya poseía el mínimo de cuadros para iniciar la guerra popular. Su determinación se consolidó aún más cuando poco después se plegaron a sus fuerzas un grupo escindido de Vanguardia-Revolucionaria-Proletaria y un desprendimiento del PCP-Patria Roja conocido como Puka Llacta (Tierra Roja). Los nuevos adherentes se adaptaron a la organización vertical de Sendero: cada militante no puede conocer a más de ocho camaradas, cada célula está conformada por cinco activistas, uno de los cuales es el jefe responsable y cada jefe se relaciona sólo con tres compañeros encargados de otras células con quienes forma un comité local, distrital o zonal. Todos aceptaron la consigna de ser guías de quienes desconocen su papel y situación porque los senderistas son soldados y padres políticos poseedores de la verdad por difundirse (8).

Segunda etapa (1980-1985)

En este período el PCP-SL inició la acción bélica. La primera fase de la lucha armada teóricamente comenzó el 19 de abril de 1980 en una lejana comunidad del departamento de Ayacucho “cuyo nombre nadie quiere o puede recordar con exactitud”. Allí Abimael Guzmán clausuró la primera escuela militar con estas palabras: “Esta primera escuela militar del partido es sello y apertura. Sella y abre. Sella los tiempos de paz y apertura los tiempos de guerra. Ha concluido la etapa de las manos desarmadas. Se inicia hoy nuestra palabra armada: levantar a las masas, levantar campesinos bajo las inmarcesibles banderas del marxismo-leninismo pensamiento Mao Tse-tung... Sellamos hasta aquí lo hecho, aperturamos el futuro. La clave son las acciones, el objetivo: ¡el poder! Eso es lo que haremos: la historia lo demanda, lo exige la clase, lo ha previsto y lo quiere el pueblo y nosotros debemos cumplir y cumpliremos. Somos los iniciadores... no olvidemos que para garantizar y consolidar como cien hay que avanzar como doscientos. Y el avance hoy como doscientos quiere decir iniciar la lucha armada... (9).

Un mes después, el 18 de mayo de 1980 exactamente, mientras los peruanos votaban en las elecciones generales, en el villorrio de Chuschi, al sudoeste de Huamanga, unos senderistas encapuchados quemaron las ánforas y el material electoral. Al poco tiempo, en Lima, otro grupo de encapuchados le arrebató la metralleta al vigilante de la Embajada de Nicaragua, y días después varios activistas incendiaron el local del municipio del distrito popular de San Martín de Porras y atacaron con petardos la tumba de Juan Velasco Alvarado. Así los senderistas empezaron la fase bélica. Actuaron como si tuvieran en cuenta el consejo de Manuel González Prada, precursor ideológico de Mariátegui: responder a la violencia con violencia, romper los huevos para hacer tortillas. Quizás recordaron dos citas suyas: a) “Toda iniquidad se funda en la fuerza, y todo derecho ha sido reivindicado con el palo, el hierro o el plomo”, y b) “El Perú es hoy un pajonal desecado por el sol: una chispa, una sola chispa, y estalla la conflagración de norte a sur y de oriente a occidente. Los primeros que se derritan serán los soldaditos de plomo” (10).

Durante esta fase bélica, el PCP-SL publicó dos manifiestos: “Nuevo gobierno y la perspectiva económica, política y de la lucha de clases en general” (julio de 1981) y “Desarrollemos la guerra de guerrillas” (marzo de 1982). La escalada terrorista se aceleró. El 2 de marzo de 1982 Sendero ocupó por unas horas Huamanga, ciudad de 80.000 habitantes, capital del departamento de Ayacucho, liberó 304 presos senderistas, incluyendo a la guerrillera Edith Lagos, y se apoderó de abundante cantidad de armamentos. Otras osadas acciones armadas le siguieron. La comandante Edith Lagos, de diecinueve años de edad, encontrada muerta en Andahuaylas con señas de haber sido torturada, fue sepultada en Huamanga en septiembre de 1982 con la asistencia de más de 15.000 personas.

El segundo gobierno de Fernando Belaúnde respondió poniendo bajo control militar a nueve provincias de los departamentos de Ayacucho, Apurímac y Huancavelica. La intervención de las fuerzas armadas en el teatro de operaciones ayudó a continuar la campaña de cerco y aniquilamiento iniciada por las fuerzas policiales. De resultas el número de bajas se acrecentó. Sendero tuvo éxitos y fracasos, comunidades indias amigas y enemigas; a veces daba un paso adelante, pero a menudo era obligado a dar tres o cuatro pasos atrás, más que en la estrategia de Mao. El 22 de febrero de 1983 los periódicos de Lima confirmaron la muerte en Ayacucho de Carlota Tello Cutti, una de las más eficaces y decisivas comandantes guerrilleras de Sendero. El principal teatro de operaciones todavía era Ayacucho, uno de los departamentos más deprimidos del país, donde el consumo alimenticio, en algunas de sus zonas, apenas llegaba a 420 calorías diarias, menos de la mitad de las 850 calorías mínimas para vivir señaladas por la Organización Mundial de la Salud.

A los pocos meses, en Lima, Sendero atacó con metralletas y bombas el local central de Acción Popular, el partido gobernante, matando e hiriendo a varias personas. La ofensiva senderista se extendió a otros departamentos serranos y costeños. El alcalde de Cerro de Pasco, fue asesinado el 8 de noviembre de 1983. Las acciones armadas en los centros urbanos confundieron a quienes creían que el cronograma táctico de los guerrilleros era únicamente concentrarse en operaciones campestres y que sólo en la fase final intentarían marchar sobre las ciudades. No se percataron de que la primera fase estaba diseñada también para hacer propaganda por medio de la acción. Colgar perros simbólicos, volar torres eléctricas y sumir en oscuridad a vastas regiones del país, destruir puentes, atacar cuarteles y comisarías tiene para los senderistas más valor que las conferencias de prensa y la publicidad escrita, radial y televisada. Belaúnde amplió la Zona de Emergencia a once provincias y en 1984 a 13 de las más de 140 provincias del país. La contrarréplica de Sendero fue el aumento de actos terroristas y atentados selectivos en todas esas provincias. El 24 de julio de 1984 cayó asesinado otro alcalde, esta vez el de Huancayo.

El 22 de febrero de 1985, a menos de diez días de la visita del Papa Juan Pablo II al Perú, Amnistía Internacional comenzó a circular un documento sobre la violación de los derechos humanos en ese país: “Se informa que cientos de hombres, mujeres y niños han sido víctimas de homicidios políticos perpetrados por fuerzas gubernamentales en las remotas provincias de la Zona de Emergencia situadas en la región andina del Perú y que más de 1.000 personas han desaparecido en dicha zona desde que se puso bajo control de un comando político-militar en diciembre de 1982”. El documento también acusó a los guerrilleros: “Sendero Luminoso adoptó a principios de 1982 la práctica de capturar y ejecutar públicamente a personas que suponía eran sus enemigos... En algunos casos se informa que los guerrilleros llevaron a cabo ejecuciones masivas en represalia contra comunidades enteras de quienes presuntamente habían colaborado con las fuerzas de seguridad”. Más adelante, como si tuviera en cuenta la masacre de ocho periodistas en Uchuraccay, aclaró: “Sin embargo, en varios casos, la información gubernamental atribuyó a los guerrilleros homicidios políticos perpetrados por las fuerzas del gobierno” (11).

El gobierno de Belaúnde hizo caso omiso al informe de Amnistía Internacional, como lo había hecho con su correspondencia y otras comunicaciones. De todas maneras, la violencia continuó en el país. Más policías, oficiales de todas las armas, alcaldes y jueces cayeron acribillados a balazos. Miles de sospechosos fueron detenidos.

Al aproximarse las nuevas elecciones generales, Sendero ordenó otra vez el abstencionismo, circuló volantes de amedrentamiento, amenazas de muerte, y mutiló los dedos de la mano de algunos campesinos de Ayacucho, Huancavelica y Pasco que pensaban sufragar. Con todo, la votación se llevó a cabo con inusitada calma el 14 de abril de 1985. Diez días más tarde tres terroristas armados con metralletas y explosivos hirieron de gravedad a Domingo García Rada, presidente del Jurado Nacional de Elecciones. Mientras se esperaban los resultados oficiales de los escrutinios, tres desconocidos abalearon a quemarropa a Luis Aguilar Cajahuamán, diputado aprista electo por Pasco. Otros alcaldes y dirigentes provinciales de la misma filiación también fueron asesinados. Así respondía Sendero al reconocimiento oficial del triunfo del PAP, que ganó la presidencia y mayoría en ambas cámaras legislativas.

Tercera etapa (1985-      )

Este período se inicia con la asunción al poder de Alan García Pérez el 28 de julio de 1985. En su mensaje a la nación, el nuevo mandatario señaló los lineamientos generales de su gobierno y prometió ser implacable con el terrorismo, pero recordó que no era necesario caer en la barbarie para combatirlo. Esta misma observación la repitió en su discurso de la XL Asamblea General de las Naciones Unidas el 24 de septiembre siguiente. Con todo, la ola de violencia continuó. En París, durante una reunión de apoyo a la “guerra popular” en el Perú, un “simpatizante” de Sendero negó cualquier posibilidad de diálogo con el gobierno. Aparentemente los parientes de la esposa de Abimael Guzmán refugiados en Suecia le dieron la misma respuesta a un alto dirigente aprista durante su visita a ese país. La suerte estaba echada. Alan García decidió defenderse de la mejor manera posible para no poner en peligro su gobierno autoproclamado nacionalista, democrático, popular y no alineado. En 1986 se decretó el toque de queda en Lima metropolitana, de la 1 a las 5 de la mañana.

Si los peores desafíos del gobierno de Belaúnde fueron la crisis económica y el terrorismo, la principal preocupación del régimen de Alan García es la violencia cruenta generalizada a casi todo el país y causante de miles de muertos y cuantiosas pérdidas materiales. Al continuar la ola de atentados selectivos y aumentar el desangramiento del país, se inquieta más la ciudadanía y disminuye el número de quienes abogan por el diálogo, la reconciliación nacional y la amnistía general. Entre los actos de violencia más conmovedores durante los primeros meses del nuevo gobierno fueron los asesinatos del director del penal El Frontón, del prefecto aprista del departamento de Ica y de un contralmirante de la Marina. Al ensañarse con la dirigencia del PAP, el PCP-SL se ha sumado a la larga lista de antiapristas viscerales. El 26 de mayo de 1986 Sendero intentó secuestrar a Alberto Kitasono, amigo personal del presidente y secretario nacional de organización del PAP. Se salvó casi milagrosamente, pero cuatro personas cayeron muertas.

Por otra parte, los luctuosos acontecimientos en las tres cárceles de Lima, ocurridos el 19 de junio de 1986, la víspera de la inauguración del XVII Congreso de la Internacional Socialista, pusieron de manifiesto hasta dónde puede llegar el fanatismo de la rebelión y la lógica militar para combatir el terrorismo. Es trágico constatar el alto porcentaje de aprobación del uso contraproducente del exceso de fuerza en la respuesta al reto: sólo una minoría alza su voz contra esta práctica oficial. Naturalmente, la escalada terrorista tiene mucho que ver con esto. Se acusa al PCP-SL de introducir en el país el empleo de los coches bomba, de haber intentado incendiar un club militar en el centro de Lima, de haber asesinado al contralmirante Carlos Ponce Canessa, al vicealmirante Gerónimo Cafferata Marazzi y a buen número de autoridades civiles, de haber atacado las embajadas de la República Popular China, los Estados Unidos y la Unión Soviética, y de haber lanzado artefactos explosivos a bancos, fábricas y locales del PAP.

En estas circunstancias la ciudadanía expresó su opinión en las elecciones municipales del 9 de noviembre de 1986: los candidatos apristas triunfaron en la mayoría de los departamentos, derrotando abrumadoramente a la derecha dividida, y a la Izquierda Unida, representante de un significativo tercio electoral. El respaldo ciudadano al PAP y la continuación de la alta popularidad del joven presidente exacerbaron al PCP-SL a tal punto que acrecentó su ensañamiento con los dirigentes apristas. El 30 de enero de 1987 un comando terrorista asesinó a César López Silva, secretario nacional de asuntos profesionales del PAP. El conocido médico de 45 años de edad, entrenado en Alemania y expresidente de la Federación Médica Peruana, fue acribillado a balazos delante de sus hijos. ¿Hasta cuándo durará esta tercera etapa de Sendero Luminoso? Nadie lo sabe, ni siquiera sus mismos dirigentes máximos, quienes parecen haber perdido el control de la situación.

Evaluación de Sendero

A Sendero Luminoso, indudablemente el movimiento político más radical de la historia peruana, hasta hoy no se le ha podido probar vinculación internacional. Aunque se considera maoísta, en realidad se asemeja más al Khmer Rouge de Pol Pot de Camboya y a los Mau Mau de Kenia que al Partido Comunista Chino del período que culminó en la revolución cultural. Aunque se proclama mariateguista, otros partidos políticos, también mariateguistas, le niegan al PCP-SL afinidad ideológica con el autor de Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. No deja de sorprender, sin embargo, la habilidad de Sendero para reclutar a tantos jóvenes de 14 a 26 años de ambos sexos e incluir a mujeres en peligrosas acciones militares. Los estrategas de la lucha antisubversiva han descubierto que esta participación femenina en las acciones terroristas es decisiva, original, ingeniosa y desconcertante. Acusan a las senderistas de ser comandantes sumamente peligrosas y de estar encargadas de asestar el tiro de gracia. Proceden ellas de todas las clases sociales y regiones del país, aunque la mayoría es andina. La lista de estas guerrilleras prominentes es extensa. Además de las ya mencionadas Edith Lagos y Carlota Tello, goza de renombre Laura Zambrano Padilla, “Camarada Meche”, presa desde hace cinco años acusada de numerosas acciones terroristas. La policía ha confirmado la participación clave de ocho jóvenes más, a quienes la prensa ha llamado “damas de la muerte”. A esta lista se debe añadir la chica de 20 años que se voló al intentar disparar un mortero contra el edificio donde el presidente García iba a inaugurar el XVII Congreso de la Internacional Socialista.

Como muchos de sus militantes son quechuahablantes, los destacamentos senderistas de la sierra pueden cumplir con el consejo de Mao a los guerrilleros: moverse como un pez en el agua. Además, desde el punto de vista militar, Sendero ha introducido la modalidad del guerrillero parte-del tiempo o revolucionario ocasional, que después de cumplir sus misiones vuelve a las labores regulares en el campo o en la ciudad. Las fuerzas antisubversivas se enfrentan así a un enemigo elusivo que no forma la clásica columna montonera. A esta novedad se añaden los ya conocidos ataques a policías aislados y en grupo, asaltos a comisarías, cuarteles, establecimientos comerciales, bancos, voladura de torres eléctricas, puentes y vehículos. La política de abstenerse de informar acerca de sus acciones y de no negar actos terroristas que se le atribuyen, aunque sean perpetrados por otros, ha complicado la exacta evaluación de las actividades armadas senderistas.

Mientras tanto, los pelotones, brigadas y células senderistas siguen en su proyecto bélico que ellos denominan guerra popular. Se especializan en ataques sorpresivos, rápidos, bien preparados, para luego retirarse con destreza. Si estas acciones son expresiones de un comunismo polpotiano o de un mitimarxismo con trasfondo mesiánico, el futuro lo dirá. Por ahora se sospecha que la praxis senderista parece descansar en el irracionalismo y el voluntarismo. Sobre un trasfondo histórico de mesianismo andino, el PCP-SL postula una sui generis interpretación del marxismo-leninismo ayudado por algunos pensamientos de Mariátegui y Mao. Como en el estado mayor de Sendero predomina la subjetividad, el patrón de comportamiento de sus huestes apunta hacia la disrupción de la totalidad de las estructuras de la “democracia formal”.

Lo sombrío de la ideología senderista, sin embargo, estriba en que para llegar a la síntesis, a la apoteosis de su “nueva democracia”, debe recurrir a la destrucción total de la tesis (la realidad peruana presenderista), aplicando a su manera la antítesis de la táctica maoísta practicada durante la guerra con el Japón: arrasar con todo lo existente (scorched earth). Esta política conduciría al país al umbral de ese mundo nuevo todavía por construirse. Versado en Hegel, Abimael Guzmán se adhiere a la estructura tripartita de la filosofía de la historia: tesis, antítesis y síntesis. Sin embargo, da la impresión de concluir que el conocimiento de la triple naturaleza de la realidad andina se articula principalmente en la segunda parte de este trinomio. En última instancia, esta praxis revolucionaria descansa en la identificación de su teoría política con la voluntad de poder. Abimael Guzmán y su estado mayor parecen haber optado ignorar lo que Heidegger percibió tan nítidamente: el razonamiento totalista conduce al totalitarismo represivo, el cual desemboca siempre en el holocausto apocalíptico. Consecuentemente afirmar que Sendero Luminoso aspira a producir un holocausto nacional no es una expresión de fantasía apocalíptica.

La declarada quimera senderista de conducir al país hacia una etapa revolucionaria, precursora de un universo socialista es desconcertante. El deseo de desmantelar el orden actual para construir sobre sus escombros un nuevo orden, de acuerdo con un plan de gobierno todavía no articulado, podría explicar por qué Sendero parece haber logrado hacer en los Andes lo que Mao hizo en China: despertar al león que Napoleón aconsejó mantener dormido. Si Lenin dijo que el camino revolucionario más directo a París pasaba por Beijing, el “Presidente Gonzalo” da la impresión de creer que el sendero de la victoria sobre Lima se inicia en los Andes. Tal vez él recuerde la frase de Mariátegui: “El más grande reservorio de energía revolucionaria de la América Latina duerme en las profundidades del campesinado quechua”. Si es así, Sendero Luminoso se ha convertido en el gran despertador de los Andes.

Notas

(1) Sobre la ed., Centro de Documentación Andina, Lima, 1985, ver: “El foso de los leones”, Caretas, 833, 14 enero 1985, pp. 49-50, Lima, y Ayala, F.: “Eugenio Chang-Rodríguez: lingüística y política”, La República, 25 enero 1985, p. 11, Lima. Sobre la 2a. ed., Editorial Normas Legales, Trujillo, 1987, ver: “Los partidos políticos”, El Nacional, 19 enero 1987, p. 4, Lima, y Mariátegui, Juan: “Opciones políticas peruanas”, El Nacional, 20 febrero 1987, p. 11.

(2) En último análisis, “retornar al incario” no es sino una metáfora de reestablecer el orden. Cf. Ossio A., Juan M. (comp.): Ideología mesiánica del mundo andino, Ediciones de Ignacio Prado Pastor, Lima, 1973.

(3) Mercado U., Rogger: El Partido Comunista del Perú: Sendero Luminoso, 3a. ed., edición del autor, Lima, 1986, p. 17.

(4) Pedriali, José Antonio: “A guerra de guerrilha na cordilheira peruana: Morote prega a ‘violência revolucionária’”, O Estado de S. Paulo, 12 feb. 1984, p. 1.

(5) Mariátegui, José Carlos: La organización del proletariado, Ediciones Bandera Roja, 1967, Lima, p. II.

(6) Partido Comunista Peruano: Retomemos a Mariátegui y reconstruyamos su partido, Bandera Roja, Lima, 1975, pp. 24-25.

(7) Reynoso, Oswaldo; Aguilar, Vilma y Pérez H., Hildebrando: Luchas del magisterio: de Mariátegui al SUTEP, Ediciones Narración, 1979, pp. 144-53.

(8) González, Raúl: “Ayacucho: por los caminos de Sendero”, Quehacer, octubre, Lima, 1972, pp. 66-68.

(9) Citado por González, Raúl: “El sendero de Sendero Luminoso”, Debate, 22 de septiembre, Lima, 1983, p. 24.

(10) González Prada, M.: Anarquía, Ercilla, Santiago de Chile, 1940, p. 164, y Prosa Menuda, Ediciones Imán, Buenos Aires, 1941, p. 232.

(11) Amnistía Internacional: Perú: documento (Londres: Amnesty International Publications, 1985), pp. 3-5.

Este artículo es copia fiel del publicado en la revista
ISSN: 0251-3552
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