Opinión

Lula contra un tsunami conservador


octubre 2026

El triunfo de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, así como el éxito de su partido en los comicios legislativos y estatales, coloca contra las cuerdas a la izquierda brasileña. La sociedad civil progresista ya se ha sumado a la campaña de Lula para revertir el resultado en el balotaje.

<p>Lula contra un tsunami conservador</p>
Bruna Prado/AP.

Un tsunami conservador arrolló a Brasil el domingo 4 de octubre. Conservador, aunque no exclusivamente bolsonarista. El candidato de extrema derecha, Flávio Bolsonaro, recibió el voto del bolsonarismo radical y el de buena parte de las derechas. Reunió el voto contra la izquierda y el de millones de personas desencantadas con una realidad en la que, pese a los indicadores económicos bajo control, la vida se vuelve más y más difícil.

El candidato del Partido Liberal (PL) se impuso por sorpresa en la primera vuelta de las elecciones presidenciales con 47,03% de los votos. Consiguió 2.224.965 votos más que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien cosechó 45,16%. Ninguna encuesta anticipó el resultado. El hijo del ex -presidente Jair Bolsonaro votó en Río de Janeiro convencido de que ganaría en la primera vuelta, guiado por los sondeos internos de su partido. «Hay un claro movimiento de voto bronca ya en esta primera vuelta. Quien votaría a otros candidatos ya está votando a Flávio Bolsonaro», aseguró luego de votar.

Los primeros resultados del escrutinio –de las elecciones legislativas y estatales– fueron un balde de agua fría para la izquierda. El gobernador de San Pablo y fiel aliado del bolsonarismo, Tarcísio de Freitas, arrasó con 62,65% de los votos válidos frente a Fernando Haddad, ex-ministro de Hacienda y ex-candidato presidencial del Partido de los Trabajadores (PT). Cleitinho Azevedo, un candidato evangélico también aliado de Bolsonaro, dio otra sorpresa al imponerse en la primera vuelta en Minas Gerais, el segundo distrito electoral del país. La izquierda apenas ganó tres de los 19 estados cuya elección se definió en primera vuelta y disputará otros dos en el balotaje.

El resultado de las elecciones legislativas también fue un golpe para el PT, en especial las del Senado. Las ex-ministras Marina Silva y Simone Tebet, candidatas en San Pablo, quedaron fuera, al igual que Benedita da Silva, una figura histórica del PT, en Río de Janeiro. En ambos estados triunfaron candidatos de extrema derecha. Con 29 senadores, el PL de Bolsonaro se consolidó como el principal partido de una Cámara Alta ampliamente controlada por la derecha. El PL también amplió su presencia en la Cámara de Diputados: consiguió 121 bancas, 22 más que en 2022, a costa del centrão, un bloque de partidos ultrapragmáticos que va del centro a la derecha. Aun así, el panorama en la Cámara de Diputados es un poco menos desolador para la izquierda: sus seis partidos suman 118 bancas, una más que en 2022.

El triunfo del bolsonarismo en las elecciones legislativas también tuvo una dimensión simbólica: triunfaron sus figuras más conocidas y de línea dura. La ex-primera dama Michelle Bolsonaro y Carlos Bolsonaro, respectivamente esposa e hijo de Jair Bolsonaro, fueron elegidos senadores. Sérgio Moro, el juez que encarceló a Lula en 2018, es el nuevo gobernador de Paraná sin necesidad de balotaje. Al mismo tiempo, el joven político e influencer Nikolas Ferreira se convirtió en el diputado más votado de la historia, con 3.119.314 votos en Minas Gerais. Su apoyo a través de transmisiones en vivo y publicaciones en redes sociales ayudó a que se eligieran diputados de extrema derecha en todo Brasil. Mientras tanto, fracasaron las candidaturas de casi todas las figuras históricas de la izquierda.

Los coordinadores de la campaña de Lula, los analistas electorales y los politólogos continúan intentando comprender el resultado. A primera vista, la distribución territorial del voto ofrece algunas respuestas: Lula se impuso en el Nordeste, su gran bastión (66,76% frente a 30,85%), pero Flávio Bolsonaro mejoró en 3,97 puntos porcentuales el resultado de su padre en la primera vuelta de 2022 en esa región. En el crucial Sudeste, que concentra casi a 66,5 millones de electores, Lula perdió 1,8 millones de votos con respecto a 2022. Sin embargo, la explicación del aumento de los votos para Flávio Bolsonaro (3,83 puntos porcentuales más que Jair en 2022) es más compleja: abarca todo el país y responde a diferentes causas. ¿De dónde surge el vigor electoral de un candidato al que, según algunas encuestas, rechaza 56% de la población? ¿Es posible que Lula gane en el balotaje cuando la mayoría de los demás candidatos, que se sitúan del centro a la derecha y suman 7,58% de los votos, ya han llamado a votar por Bolsonaro?

Medios y plataformas

Si en la campaña de 2022 los medios de comunicación tuvieron un papel relevante al denunciar la corrupción y el autoritarismo del gobierno de Jair Bolsonaro, en la actual campaña adoptaron desde el comienzo una posición crítica hacia Lula. Esto se verificó, de modo especial, en la poderosa Rede Globo. Durante el mes de agosto, Globo insistió en las sospechas contra el hijo de Lula, Fábio Luis Lula da Silva, conocido como Lulinha, por un presunto tráfico de influencias que no ha sido probado. Paralelamente, los grandes medios de comunicación fueron más indulgentes con Flávio Bolsonaro: dieron escasa relevancia a los casos de corrupción que lo involucran y tampoco destacaron los hechos que fueron aflorando cuando la justicia levantó el secreto de las actuaciones sobre el Banco Master, un escándalo financiero que salpica especialmente a la derecha. Si en julio pasado los medios difundieron la financiación ilegal de Dark Horse, una película biográfica sobre Jair Bolsonaro, con dinero de ese banco, algo que entonces pareció hundir a Flávio en las encuestas, durante la campaña apenas se publicaron las nuevas revelaciones del caso. 

Los grandes medios tampoco dieron demasiada relevancia a la investigación de la Policía Federal sobre una enmienda parlamentaria de casi 200.000 reales que Flávio Bolsonaro destinó en 2023 a una entidad vinculada a los hermanos Brazão, condenados como autores intelectuales del asesinato de la concejala Marielle Franco en 2018. Algo similar ocurrió con las revelaciones del sitio PlatôBR, basadas en mensajes y fotos de un ex-socio del candidato, que lo vinculan con fiestas privadas con prostitutas, un Rolex de 305.000 reales pagado por un abogado y una supuesta gestión ante un juez del Supremo.

El caso de Ana Clara Gomes Machado, una niña de cinco años asesinada a tiros por un policía en Río de Janeiro al que Flávio Bolsonaro defendió como abogado, solo llegó al gran público gracias a la iniciativa independiente Revelando. «El periodismo masivo piensa que es necesario buscar un equilibrio, incluso cuando no existe. Colocar las sospechas sobre el PT en igualdad con las que pesan sobre Flávio Bolsonaro es en sí un desequilibrio», denunció el periodista Bruno Torturra en el popular podcast Calma urgente. Solo cuando Flávio empezó a subir en las encuestas, medios conservadores como O Estado de S. Paulo publicaron editoriales que advertían sobre el riesgo de que un eventual gobierno suyo favoreciera a las milicias que nacieron en Río de Janeiro, donde hoy controlan barrios enteros, y se han extendido a otros estados. Su poder se basa en la extorsión y la explotación ilegal de servicios. Flávio Bolsonaro mantiene vínculos documentados con ese mundo. Siendo diputado estadual, homenajeó a Adriano da Nóbrega, ex-capitán de la Policía Militar señalado como jefe de un grupo de sicarios, y empleó en su gabinete a la madre y a la ex-esposa de este.

El papel de las grandes empresas tecnológicas en las elecciones, aunque todavía no ha sido investigado a fondo, ha generado sospechas. Como señalaba el ensayista Moysés Pinto Neto, la «fragmentación del espacio público» producida por las plataformas ofrece a cada persona, por medio de los algoritmos, una visión distinta de la realidad social. Durante la campaña se registraron episodios que alimentaron las denuncias de un sesgo político de las plataformas. Facebook suspendió temporalmente la publicidad de Lula. Projetemos, un colectivo que proyecta mensajes políticos sobre paredes de todo Brasil, denunció la suspensión de su grupo de WhatsApp. Instagram eliminó un video del humorista Fábio Porchat sobre la relación de Flávio Bolsonaro con el caso del Banco Master. Un estudio del NetLab de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) reveló que 68,1% de la publicidad de Meta analizada entre el 16 de agosto y el 16 de septiembre atacaba instituciones o planteaba sospechas sobre el proceso electoral.

El papel de la inteligencia artificial también está bajo sospecha. Un estudio de la organización Ekō, que planteó las mismas preguntas a ChatGPT, Gemini, Grok y Meta AI simulando votantes de distintas tendencias, constató que esos sistemas recomendaban candidatos según el perfil del usuario, pese a que una resolución del Tribunal Superior Electoral lo prohíbe. Gemini, por ejemplo, desaconsejó votar a Lula ante un perfil conservador. En otra interacción, ChatGPT omitió información sobre el banquero Daniel Vorcaro y afirmó que no había pruebas de irregularidades cometidas por Flávio Bolsonaro.

La crisis del Tribunal Supremo y el sentimiento antisistema

A comienzos de septiembre, una filtración sacudió la campaña electoral. El juez del Supremo Tribunal Federal (STF) André Mendonça, nombrado por el ex-presidente Jair Bolsonaro por ser «terriblemente evangélico», filtró supuestas conversaciones de WhatsApp entre otro integrante de la Corte, Alexandre de Moraes, y Daniel Vorcaro, el banquero involucrado en el caso Master. La filtración buscaba demostrar que el poderoso Moraes, conocido popularmente como Xandão y enemigo de Bolsonaro, había recibido favores de Vorcaro, entre ellos contratos millonarios para el estudio de abogados de su mujer.

La crisis dentro del Supremo supuso un balón de oxígeno para el bolsonarismo. Aunque rápidamente se hizo público que otros integrantes de la Corte estaban más implicados en el caso Master que Moraes, el electorado asoció la corrupción del Supremo, uno de los blancos frecuentes del bolsonarismo, con Lula. Además, el episodio ayudó a Flávio Bolsonaro a capitalizar el sentimiento antisistema. En la recta final de la campaña, el candidato de extrema derecha explotó el lema «Muda Brasil» [Cambia Brasil], usado por su padre en las elecciones de 2018. En sus declaraciones tras el resultado electoral, destacó por encima de todo una palabra: «cambio».

Por su parte, Lula repitió la fórmula electoral de 2022, con Geraldo Alckmin como candidato a vicepresidente, lo que reforzó su identificación con el sistema político. «El tercer mandato de Lula estuvo casi invariablemente asociado al centrão, conformándose con los límites de la institucionalidad conservadora, evitando tensarla por medio de la presión popular», escribe el periodista Antônio Martins. El periodista Roberto de Toledo, en el programa especial de UOL de la noche electoral, destacó el desgaste de la vieja política. «El caso de Cleitinho nos muestra claramente que el elector no quiere más a los candidatos de la vieja política. En estas elecciones, también perdieron viejas dinastías familiares que gobernaron décadas en el Nordeste y el Norte», puntualizó.

Mientras la extrema derecha ha abierto espacio a dirigentes jóvenes que no provienen de la política tradicional, el PT sigue apoyándose en sus figuras históricas. Varias de ellas sufrieron derrotas importantes: Patrus Ananias como candidato al gobierno de Minas Gerais, José Dirceu (uno de los fundadores del PT) como candidato a diputado y Gleisi Hoffmann (ex-presidenta del PT) al Senado. La excepción dentro del PT fue Ana Elisa, una influencer que consiguió más de medio millón de votos como diputada. A la izquierda del PT, el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) logró que se eligiera como diputados a figuras como Renato Freitas y Jones Manoel, referentes de la lucha antirracista, o Rick Azevedo, un empleado de farmacia que impulsó el debate sobre el fin del régimen laboral de seis días de trabajo por uno de descanso, conocido como «escala 6 × 1». La mujer trans Erika Hilton, una de las principales impulsoras de esa demanda, fue la segunda diputada más votada de San Pablo.

Seguridad e intervención de Estados Unidos

La seguridad pública también parece haber tenido un peso importante en el resultado. La reelección en primera vuelta del gobernador paulista, Tarcísio de Freitas, y la elección de su secretario de Seguridad, Guilherme Derrite, como senador, ambos defensores de la «mano dura», muestran la fuerza electoral de esa agenda. Todos los nuevos senadores del PL incluyen la seguridad en el centro de su discurso. La designación de las organizaciones de narcotraficantes brasileñas Comando Vermelho [Comando Rojo] y Primer Comando de la Capital (PCC) como terroristas por parte de Donald Trump reforzó el discurso de Flávio Bolsonaro, que ganó en la mayor parte de la zona norte de Río de Janeiro, marcada por la presencia del narcotráfico, donde Lula había triunfado en 2022.

A pesar de que el gobierno aprobó su proyecto contra las organizaciones criminales y de que la campaña de Lula lanzó a fines de la semana pasada el documental breve Peligro, mira esto antes de votar –un repaso de las denuncias de corrupción y de los vínculos de Flávio Bolsonaro con las milicias–, el presidente no consigue disputar con eficacia una agenda de seguridad atravesada por el trumpismo y por la oleada de noticias falsas del bolsonarismo que lo asocian con el crimen. «La designación de las facciones como terroristas le ha dado a Flávio una bandera fuerte en la seguridad pública», afirma el politólogo Octavio Amorim Neto en una entrevista publicada en el periódico Nexo. Según el investigador, la intervención estadounidense en la campaña comenzó con el aumento de los aranceles en julio de 2025.

Aunque es difícil medir su incidencia en el resultado, la injerencia de Estados Unidos también ha sido objeto de denuncias. El PT sostuvo que la red de donantes conservadores Rockbridge Network, cofundada por el vicepresidente estadounidense J.D. Vance, ha invertido en la campaña de Flávio Bolsonaro. También se ha cuestionado la actuación, desde Miami, de las plataformas de apuestas Kalshi y Polymarket. Además, el gobierno ordenó investigar una financiación de un millón de dólares procedente de Estados Unidos a grupos que cuestionan las decisiones de la justicia brasileña. El viernes previo a las elecciones, el gobierno estadounidense suspendió la atención al público en sus consulados en Brasil y alegó «riesgos de seguridad». La revista Fórum reveló que el Sistema Brasileño de Inteligencia había emitido un informe que alertaba sobre una operación psicológica para «generar un clima de tensión permanente hasta el domingo».

Economía cotidiana

En agosto de este año, durante los primeros días de la campaña electoral, el equipo de Flávio Bolsonaro difundió videos grabados en supermercados. Mientras la campaña de Lula lanzaba videos sobre su larga y emotiva trayectoria política, la de Flávio comparaba los precios de los productos durante el gobierno de Jair Bolsonaro y el tercero de Lula, con todo tipo de manipulaciones. La inflación está controlada y algunos productos incluso bajaron de precio. Sin embargo, el alza del precio de la gasolina por la guerra en Irán y el encarecimiento de algunos productos agrícolas por problemas derivados del cambio climático generalizaron la sensación de que la vida está más cara.

En esa «guerra de precios», el PT llegaba tarde y mal a desmentir las piezas de la campaña de los bolsonaristas. Tampoco consiguió comunicar bien que el gobierno de Lula eliminó el impuesto a las ganancias para quienes perciben hasta 5.000 reales mensuales (unos 1.000 dólares). «La campaña pasó lejos de los problemas cotidianos de la gente», aseguró en UOL la periodista Thais Bilenky el domingo electoral. En agosto, Brasil batió el récord de endeudamiento familiar: 82% de las familias tiene algún tipo de deuda. El endeudamiento con tarjetas de crédito y las elevadas tasas de interés –la tasa de referencia se sitúa en 13,75%– apenas aparecieron en la campaña de la izquierda. Para abordar el endeudamiento, Lula apostó por prohibir las apuestas en línea mediante un decreto presidencial. «La inflación puede estar bajo control, pero el endeudamiento de las familias amargó cualquier sensación de bienestar», escribió Igor Gielow en un artículo de Folha de São Paulo tras las elecciones.

Voto evangélico y antipetismo

La campaña de Lula no logró atraer a los evangélicos, que ya representan más de una cuarta parte de la población. Datafolha reveló poco antes de la primera vuelta que Flávio Bolsonaro tenía 52% de intención de voto entre los evangélicos, frente a 26% de Lula (entre los católicos, Lula tenía 50% y Flávio, 32%). Las organizaciones evangélicas progresistas que apoyaron a Lula en la campaña de 2022 no han tenido el mismo protagonismo en estas elecciones. Aunque la religión no sea el único motivo, el bolsonarismo arrasó en los dos estados más evangélicos, Rondônia (67,45%) y Acre (64,56%). En Río de Janeiro, uno de los estados con mayor proporción de evangélicos del Sudeste, obtuvo su mejor resultado de la región (53,01%). En los días previos a las elecciones, se registró una intensa actividad en iglesias evangélicas, que pidieron expresamente el voto contra Lula, a quien acusan de querer destruir la familia tradicional. A pesar de la diversidad del mundo evangélico, que también incluye sectores progresistas, el pentecostalismo crece rápidamente y se ha convertido en una de las piezas claves del bolsonarismo. Su fórmula combina la cruzada en defensa de los valores morales, el antilulismo y la «teología de la prosperidad», según la cual la riqueza y el éxito individual son señales de la bendición divina.

El antilulismo y el antipetismo –un rechazo al PT construido a lo largo del tiempo– han sido motores fundamentales de la campaña de Flávio y de los candidatos que lo acompañan. El lema «Fora Lula» [Fuera Lula] se ha visto a lo largo de la campaña en camisetas, calcomanías, pancartas, carteles e incluso en autobuses, como el usado por Ricardo Salles, ex-ministro de Medio Ambiente de Jair Bolsonaro. Algunos candidatos prepararon un kit contra Lula que enviaban a quienes se registraban en un sitio web. Una parte importante de los votantes de Flávio no se considera bolsonarista: se define, ante todo, como antilulista y antipetista. No existe un 50% de fascistas en Brasil, como señaló hace unos días el académico Marcos Nobre. Por ello, Flávio Bolsonaro ya ha anunciado que su estrategia para la campaña del balotaje del 25 de octubre se centrará en el antipetismo.

La concentración del voto útil en su candidatura también puede relacionarse con la forma en que las encuestas presentan la disputa. Como sostiene el periodista João Paulo de Oliveira, esas mediciones parecen responder a la pregunta «¿Quién puede derrotar a Lula?» en el balotaje, más que intentar averiguar qué candidato conservador era el más competitivo en la primera vuelta. Cuando el candidato Augusto Cury apareció como ganador frente a Lula en un hipotético balotaje, algo que nadie excepto Flávio Bolsonaro había conseguido, dejó de ser incluido en las encuestas posteriores.

Un balotaje cuesta arriba

Tras el impacto de los resultados, Lula pidió cambiar radicalmente su campaña. Felipe Nunes, director de la encuestadora Quaest, sostiene que Flávio Bolsonaro es favorito y que Lula tendrá que conformar un frente amplio. Apunta una de las grandes diferencias entre las campañas de 2026 y 2022: si en ese año Lula construyó un amplio frente en defensa de la democracia, con diferentes partidos y figuras de la sociedad civil, en 2026 acudió a las elecciones apoyado por las izquierdas y por su prestigio histórico. Desde el domingo de la primera vuelta, muchas voces han solicitado la creación urgente de un frente democrático de cara al 25 de octubre. «Sin embargo, un frente democrático tiene que ir más allá del Congreso, de la clase política y de las Fuerzas Armadas. Tiene que llegar a la sociedad civil. Lula no quiso movilizar al centro liberal que no solo está preocupado por la democracia, sino también por la estabilidad macroeconómica y la política exterior», sostuvo el politólogo Octavio Amorim Neto en Nexo.

Mientras Lula y Flávio Bolsonaro intentan cerrar acuerdos con los candidatos derrotados, la campaña del presidente apuesta por una estrategia de persuasión de quienes votaron por otros candidatos. Ha lanzado un documento para dialogar con quienes no votaron por él y un sitio web y una aplicación, Onde dá para conversar [Dónde se puede conversar], que cruzan datos electorales por territorio y ofrecen claves para convencer a electores de diferentes perfiles de que voten a Lula.

Aunque los votantes de Augusto Cury (Avante, de centro), Ronaldo Caiado (Partido Social Democrático, conservador), Romeu Zema (Partido Novo, liberal) y Renan Santos (Missão, de extrema derecha) tienden a la derecha, Flávio Bolsonaro no tiene garantizado su apoyo. La semana pasada, Meio/Ideia reveló que 55,6% de los votantes de Cury votaría a Lula, frente a 27,8% que elegiría a Flávio Bolsonaro. Por otro lado, apenas 26,4% de los votantes de Caiado votaría a Flávio. Sin embargo, Caiado acaba de anunciar su apoyo al candidato del PL. Renan Santos (Missão), vinculado al Movimiento Brasil Libre (MBL) y que intentó construir una derecha independiente del bolsonarismo, quedó cuarto con 2,24% de los votos. Tras el escrutinio, anunció que no apoyará ni a Flávio ni a Lula en el balotaje, aunque reconoció que da por ganador al candidato del PL.

La campaña de Lula tiene el desafío de tender la mano a quienes no se consideran ni lulistas ni izquierdistas. El miedo a un nuevo gobierno de la familia Bolsonaro es su principal carta. El analista Leonardo Sakamoto, en un artículo publicado el mismo día de las elecciones, sostenía que el «brasileño exhausto» de la polarización política podía definir las elecciones, especialmente entre el 21,1% de abstencionistas y los mayores de 70 años, más cercanos a Lula. No ocurrió en la primera vuelta. Y si ocurre en el balotaje, no será solo gracias a la campaña oficial, sino también a los millones de ciudadanos que, como en 2022, ya están en las calles y en las redes buscando votos para revertir el resultado de la primera vuelta.

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