Elecciones en Brasil: breve manifiesto contra la desolación
octubre 2026
La primera vuelta de las elecciones presidenciales, con Flávio Bolsonaro en primer lugar y una ola conservadora en el Senado, dejó al descubierto el desánimo de la izquierda y la magnitud de su responsabilidad. Se trata no solo de intentar revertir el resultado en la segunda vuelta del 25 de octubre, en un camino lleno de obstáculos, sino también de imaginar otros futuros con más audacia que la mostrada en estos años, en los que Brasil viene atravesando una contrarrevolución cultural reaccionaria.
Algunas reflexiones en caliente, en una noche electoral que condensa buena parte de nuestra desolación y deja en evidencia de manera inequívoca nuestra responsabilidad con el futuro:
1. En los últimos diez años, la extrema derecha logró llevar a cabo una revolución cultural radical; al mismo tiempo, el centrão (o mejor dicho, la derecha fisiológica1) fue capaz de impulsar una serie de reformas políticas que alteraron de manera definitiva las reglas del diseño político e institucional establecidas por la Constitución de 1988.
2. Estos dos vectores se sumaron en una alianza de fuerza descomunal, un coloso político capaz de producir transformaciones sociales como pocas veces hemos visto en el país. Esta convergencia se dio en un contexto internacional y en un entorno tecnológico y comunicacional que le dieron una envergadura inédita y aportaron recursos valiosos a estos movimientos dentro de Brasil.
3. En el plano cultural, la derecha desarrolló una estética, un amplio dominio de la comunicación de masas, tecnologías sociales y afectivas de formación de comunidad, un diálogo profundo con la espiritualidad popular y una utopía convincente del individualismo como camino de transformación de la vida. Una verdadera revolución gramsciana en torno de imágenes y valores regidos por la fe, la familia y la prosperidad individual.
4. Se trata de una visión seductora y de amplio alcance, a pesar de sus elementos de cinismo, su connivencia con las formas más brutales de expoliación, su llamado a la violencia, el retroceso en materia de derechos y su refuerzo de la perpetuación de la desigualdad. Al mismo tiempo, es un error no ver cómo esta concepción del mundo dialoga con la vida real de la mayoría de la población y brinda algo de esperanza, alguna utopía de lo posible y algunas herramientas para lidiar con los contratiempos de la vida.
5. El individualismo del «sálvese quien pueda» y la concepción de la vida como una guerra en la que vence el más fuerte, promovidos por esta amalgama reaccionaria, dan nuevos contornos a nuestra historia de violencia social y de devastación ambiental. Lo que se ha observado en los últimos años en Brasil ha sido la expansión metastásica de una especie de «capitalismo de garimpo2», una mezcla de «ética Vorcaro»3 con lógica de milicia -los grupos parapoliciales que controlan territorios en Río de Janeiro-, con amplia penetración en las instituciones públicas. Las bets [apuestas], para citar solo una de las caras de esta economía política y de esta lógica cultural, son también una forma de garimpo de vidas y de ingresos de familias ya económicamente esquilmadas.
6. Mientras las distintas derechas promovían esta revolución, nosotros, en el campo progresista, perdimos la energía de lo nuevo.
7. La centroizquierda dominante, ya sea en sus gobiernos o en sus discursos, prácticamente solo dispone de los recuerdos de políticas ya rutinizadas, muchas de ellas implementadas hace unos 20 años, o de propuestas que solo alteran marginalmente el estado de cosas. Esto se debe, en parte, al propio éxito de logros como el Bolsa Família, el aumento del salario mínimo y la expansión de la red de educación superior: políticas públicas cruciales, pero que hoy son vistas por la mayoría de la población como algo ya garantizado, como «políticas de Estado», o como medidas insuficientes. Y es fundamental reconocer que son, de hecho, absolutamente insuficientes.
8. Tras las embestidas golpistas del gobierno de Jair Bolsonaro y los ataques del 8 de enero de 2023, la única arma política de gran calibre que se sumó a la contienda democrática fue la consolidación de un Supremo Tribunal Federal agresivo e hiperpersonalista, encarnado en el juez Alexandre de Moraes; una estrategia contradictoria desde el principio y que hoy se ha vuelto una carga insostenible. Con el tiempo, el protagonismo del tribunal alimentó el discurso de una derecha que se presenta como perseguida, y su legitimidad quedó en entredicho tras salir a la luz los vínculos del propio Moraes y de otros ministros con Daniel Vorcaro, dueño del Banco Master.
9. Las novedades en el campo progresista, por más fundamentales y justas que sean (el fortalecimiento del movimiento feminista, la ampliación del repertorio de lucha antirracista y LGBTI+), no han sido capaces de producir mayorías políticas suficientes ni de popularizar imágenes de futuro que organicen la relación entre la vida privada de los ciudadanos y la vida colectiva. Son fuerzas indispensables y, precisamente por eso, hay que evaluar sus logros y sus límites, sus tácticas y repertorios, y su capacidad de movilización.
10. La reversión de este escenario debe pasar por la creación de alternativas a la altura de la revolución político-cultural implementada con un gran éxito por el campo adversario. Una visión de futuro radicalmente nueva, convincente, de carne y hueso, hecha de la materia de la vida real y de la energía de los sueños.
11. Esto requiere la creación de nuevas lógicas culturales, nuevos discursos, nuevas apuestas estéticas, nuevas lógicas de comunicación; tejer formas de solidaridad aún no probadas y elaborar propuestas políticas transformadoras. Hay que desacostumbrarnos a lo ya dado, lo que exige una nueva disposición a escuchar a la mayoría de la población, en su inmensa diversidad; un desapego de nuestro propio vocabulario (no se puede escuchar si insistimos en imponer nuestro léxico); y la observación de procesos de invención que ya están en marcha en comunidades y movimientos, así como en nichos intelectuales y artísticos menos visibles.
12. En cuanto al arte, ya es hora de mirar más allá del pequeño escenario donde siempre se repiten las viejas y jóvenes estrellas. Lo nuevo no vendrá de aquellos artistas ni de las manifestaciones que satisfacen el gusto repetitivo y previsible de la izquierda dominante, por grandes que hayan sido sus logros en las últimas décadas y por buenas que sean las intenciones de los nuevos miembros de esa troupe de elegidos.
13. Este diagnóstico no depende del resultado final de las elecciones presidenciales. Una victoria de Lula en la segunda vuelta puede evitar una aceleración aún mayor de esta revolución en curso, y por eso es crucial y debe concentrar todas las energías del campo democrático en las próximas semanas. Sin embargo, por sí sola, no señalará el rumbo de lo nuevo ni sentará sus cimientos. Quizás ganemos algo de tiempo, pero las placas tectónicas de la devastación social, el desmantelamiento de derechos y la vulgaridad desvergonzada no dejarán de moverse.
14. El futuro es una ficción política que escribimos hoy. Recurro a estas dos palabras: responsabilidad y valentía. La responsabilidad de investigar el pasado reciente y evaluar nuestros avances (que no han sido pocos), pero también de pensar más allá de las soluciones existentes, de las estrategias consolidadas, de los discursos aceptados y de las políticas públicas ya probadas. La valentía para admitir que todo lo que hemos construido en el pasado y lo que estamos construyendo en el presente se queda corto frente a lo que la historia nos impone como misión.
15. Esta postura ética es, incluso, una manifestación de respeto hacia las luchas y victorias del pasado, pero, sobre todo, un gesto hacia las derrotas de otros tiempos. Apostar por un futuro de justicia e igualdad, contra todos los obstáculos, es una forma de honrar a nuestros muertos y a nuestros derrotados de luchas pasadas; esas compañeras y compañeros aguardan, al ritmo lento de la historia, el momento de su redención.
16. Si avanzamos en esta dirección, será una construcción que llevará muchos años, tal vez décadas, y no estará encabezada por un solo individuo, un partido o un movimiento. Se trata de una tarea que involucra a amplios sectores de la sociedad, una diversidad de saberes, experimentos y apuestas, y exige la audacia para librar las disputas políticas más duras, aunque eso implique sufrir derrotas a corto plazo.
17. Esta responsabilidad es inmensa. Es la gran misión política de nuestras vidas.
Nota: la versión original de este artículo, en portugués, se publicó en Piauí el 5/10/2026 con el título «Para além da desolação» y está disponible aquí. Traducción: Pablo Stefanoni.
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1.
En la jerga política brasileña, fisiologismo designa la práctica de apoyar al gobierno de turno a cambio de cargos, recursos presupuestarios y otros favores, sin un compromiso ideológico o programático (N. del E.).
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2.
El garimpo es la minería, a menudo ilegal y depredadora, que ha avanzado sobre la Amazonía y territorios indígenas (N. del E.).
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3.
Alusión a Daniel Vorcaro, banquero brasileño del Banco Master, cuyo caso se convirtió en símbolo de especulación financiera y relaciones turbias con el poder (N. del E.).

