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(Auto)censura y redes feministas chinas desde una perspectiva global


Nueva Sociedad 322 / Marzo - Abril 2026

La larga experiencia personal de una académica y activista transnacional –entre una prestigiosa universidad estadounidense y China– permite identificar las dificultades de las feministas chinas para escapar al control político del Estado dirigido por el Partido Comunista chino, que se ha intensificado en los últimos años. En ese marco, temas como la situación del movimiento obrero y de los derechos humanos son tabúes que deben sortearse en la discusión pública.

(Auto)censura y redes feministas chinas desde una perspectiva global
Imagen: AP/Ng Han Guan.

En este ensayo, examinaré la relación entre el movimiento feminista chino y la autocensura en sus dimensiones de tiempo y espacio. Mi análisis abarcará el periodo comprendido entre 1989 y julio de 2020, momento en que se escribió. Este marco temporal abarca las vicisitudes políticas chinas desde las protestas de la Plaza de Tiananmén de 19891 hasta la aprobación de la Ley de Seguridad Nacional de Hong Kong en 2020, tres décadas que también han sido testigos de mi participación consciente en actividades feministas en China y otros países.

Independientemente de que las feministas, como individuos, hayan prestado o no atención a la política, cada paso dado por el movimiento feminista chino contemporáneo se ha insertado en esta ecología política y, por una u otra razón, todas las personas involucradas han experimentado algún grado de autocensura. Aquí, presento un breve resumen del control político y la autocensura en este particular periodo de la historia china.

Aunque todas las mujeres vivimos en el mismo lapso temporal, nos encontramos en espacios distintos. Hay diferencias entre vivir en China y vivir en el extranjero; diferencias regionales dentro de China; diferencias entre estar dentro del sistema oficial y fuera de él; y diferencias entre las diversas posiciones sociales. Las diferencias en la ubicación geográfica y social condicionan nuestras experiencias, inquietudes, y acciones y estrategias feministas en el mismo proceso histórico. Por lo tanto, mi resumen necesariamente expresa solo mis experiencias e inquietudes derivadas de mi ubicación espacial específica a lo largo de los años.

Una breve reseña de la autocensura en mi experiencia personal

La Asociación de Mujeres Chinas en el Extranjero (海外中华妇女学会, csws, por sus siglas en inglés) se creó en el verano de 1989, justo después de que el Partido Comunista de China (pcch) reprimiera brutalmente al movimiento estudiantil en el país. En aquel entonces, yo cursaba un doctorado en la Universidad de California en Davis, y había regresado a Beijing para participar en la movilización debido a mi interés por las reformas políticas en el país. Precisamente gracias a esa experiencia, vi con claridad que el espacio para promover la reforma política en China había quedado completamente bloqueado después del 4 de junio, y que los estudiantes chinos en el extranjero teníamos la obligación de organizar actividades políticas relevantes para continuar la lucha que había sido violentamente reprimida. En particular, a través de mi estrecha interacción con activistas varones por la democracia en 1989, me di cuenta de que en realidad estaban impregnados de ideas patriarcales y de las relaciones jerárquicas de poder propias de China, y eran incapaces de reflexionar sobre sí mismos.

Desde mi perspectiva como estudiante de doctorado que investigaba la historia de la China moderna, no veía que las mentalidades masculinas de los jóvenes intelectuales varones hubieran progresado respecto de las de los varones en los inicios del pcch. Tenía claro que, a finales del siglo xx, las feministas chinas ya no debían considerarlos líderes naturales, sino que debían iniciar un movimiento independiente que articulara las voces feministas críticas como una vía de participación en las transformaciones políticas, sociales y culturales de China. En aquel momento, aún no había leído las filosas críticas de la feminista He Yin Zhen (ca. 1884-ca. 1920), en los últimos años de la dinastía Qing, a las elites masculinas de su tiempo, pero a partir de la investigación histórica y la experiencia personal, me di cuenta de que erradicar las estructuras patriarcales de China sería crucial para el desarrollo de la democracia política en el país. En ese sentido, la creación de la csws representó para mí una oportunidad de aprovechar mi ventajosa posición geográfica para romper las restricciones políticas internas en China, así como para materializar mi visión feminista de transformación política en el país.

Sin embargo, este rechazo consciente del control político cambió cuando se modificó el contexto local. En 1993, la csws organizó un taller feminista de dos semanas en colaboración con académicas de la Universidad Normal de Tianjin. Allí nos impusimos una severa autocensura porque no teníamos una idea clara de la gravedad de los tabúes políticos en China después del 4 de junio. No me atreví a hacer comentarios directos sobre asuntos internos, sino que me limité a presentar la historia del movimiento feminista estadounidense y los conceptos fundamentales del feminismo y el género de forma muy circunspecta. Sin embargo, en nuestros intercambios con académicas y funcionarias de la Federación Nacional de Mujeres de China (acwf, por sus siglas en inglés), descubrimos que había en realidad mucho espacio para el debate, especialmente en conversaciones informales. Quienes estudiábamos en Estados Unidos éramos las que estábamos limitadas por nuestras identidades extranjeras. Temíamos que nos etiquetaran de «feministas burguesas occidentales». De hecho, las investigadoras chinas que participaron en el taller no compartían nuestros temores. Más bien, expresaron un gran interés en el desarrollo de diversas teorías y conceptos feministas en el mundo. Esto me hizo ver que podíamos traducir libros feministas como una forma de ampliar el espacio para el discurso feminista en China. Al mismo tiempo, también comencé a reflexionar sobre mi autocensura y a prestar atención consciente a la viabilidad de romper tabúes políticos en diferentes espacios sociales y distintos frentes.

En mis acciones personales, he desafiado conscientemente los tabúes en dos aspectos. Primero, me he etiquetado con orgullo como «feminista» (女权主义) en diversos escenarios públicos de China, presentando performances individuales para contrarrestar el discurso dominante que estigmatiza y demoniza el feminismo. Probablemente yo haya sido la primera persona en asumirse públicamente como feminista en una época en la que las feministas en China generalmente se llamaban a sí mismas «mujeres investigadoras» (妇女研究者) o «responsables de asuntos de la mujer» (妇女工作干部)2. En segundo lugar, colaboré con académicas de China para impulsar el desarrollo de los estudios de la mujer y de género en la educación superior. Desde mi punto de vista, las universidades podrían ser espacios institucionales en los que se puedan lograr avances, es decir, donde podamos crear campos académicos y construir un discurso feminista, así como transformar las relaciones de poder patriarcales mediante la producción de conocimiento feminista.

El grado de control político ha fluctuado en las últimas tres décadas. Las sanciones internacionales tras la brutal represión del movimiento estudiantil en 1989 hicieron que el gobierno chino buscara desesperadamente retornar a la comunidad internacional. La Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, organizada en 1995 en Beijing, le dio esa oportunidad. Esta conferencia, patrocinada por la Organización de las Naciones Unidas (onu), también dio origen a un foro para organizaciones no gubernamentales (ong), abierto a las mujeres de todo el mundo. La conferencia de la onu y el foro de ong fueron el resultado de décadas de trabajo de feministas globales. Las feministas del sistema oficial chino aprovecharon rápidamente esta oportunidad histórica para movilizar a la opinión pública en favor de que las ong de mujeres chinas participaran en el foro, y de esta manera ganaron legitimidad política después de 1989. El espacio social legítimo para las ong de mujeres se expandió rápidamente gracias a otros movimientos sociales en la década posterior a la Conferencia sobre la Mujer. Solo en este contexto histórico –mientras lemas tales como «Integrarse al mundo» (与世界接轨) e «Integrarse al movimiento internacional de mujeres» (与国际妇女运动接轨) circulaban ampliamente en los medios oficiales–, la csws pudo llevar a cabo actividades feministas en China. Y mi trabajo para promover el desarrollo de los estudios de la mujer y de género también fue posible gracias al espacio político para el activismo de las ong que existió durante un tiempo después de la Conferencia sobre la Mujer.

La autocensura dentro del movimiento feminista

Sin embargo, el espacio político en la primera década posterior a la Conferencia tenía límites. Aprendí rápidamente de mis colegas en China qué áreas o temas eran tabú. No había necesidad de intervención policial; quienes organizaban actividades feministas dentro del sistema conocían perfectamente dónde estaban los límites y tomaron la iniciativa de autocensurarse y asegurarse de que ninguna actividad los traspasara. Tras ganar espacio para las actividades de las ong de mujeres, toda activista feminista china sabía que los temas relacionados con el movimiento obrero y los derechos humanos eran tabúes. Para proteger el espacio para las actividades feministas, las activistas de ong feministas se mantenían conscientemente dentro de los límites políticos y no tocaban «temas sensibles». En la etapa inicial de mis colaboraciones con académicas en China, acepté este tipo de autocensura por consideraciones estratégicas, pues comprendía plenamente la dificultad de abrir un espacio para las actividades feministas, así como las diversas consideraciones prácticas necesarias para sobrevivir dentro del sistema. Sin embargo, tras un periodo de observación, vi las limitaciones de esas estrategias y sus efectos negativos en el movimiento feminista. El siguiente pasaje es un extracto de un artículo que escribí en 2006, en el que reflexionaba sobre las ong feministas chinas en los diez años posteriores a la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer:

Para examinar críticamente el activismo de las ong feministas chinas, es necesario preguntarse no solo qué han logrado las activistas feministas, sino también qué se ha descuidado u omitido. En marcado contraste con el énfasis que pone el feminismo transnacional en los múltiples sistemas de opresión y la interseccionalidad de género, clase, raza, etnia, sexualidad, etc., resulta evidente la ausencia de la categoría «clase» en la articulación feminista china. El rápido ascenso del «género» como categoría analítica ha sido, en cierto sentido, a costa de haber borrado la categoría de «clase». En China, las feministas han abrazado con entusiasmo el género precisamente en el momento en que el término «clase» se ha convertido en un nuevo tabú político. En la economía de mercado posterior a Mao, el Estado, con la complicidad de la elite intelectual, ha abandonado convenientemente el análisis de clase marxista tras haber criticado la definición maoísta de clase. También desaparecieron los principios previos de justicia e igualdad socialistas. En su lugar, hemos presenciado el ascenso del neoliberalismo y una marcada polarización de clases en las últimas dos décadas. Además, el Estado ha ejercido una estricta vigilancia sobre las actividades organizativas espontáneas en defensa de la clase trabajadora. Sin embargo, la clase y el género a menudo se entrecruzan, lo que resulta en grandes poblaciones femeninas de escasos recursos, tanto en las sociedades urbanas como las rurales. En este contexto, el ascenso y la centralidad del «género» en la última década ha funcionado como una táctica feminista para promover el valor de la justicia social contra una ideología de darwinismo social dominante en medio de un capitalismo desenfrenado, y a la vez como una evasión feminista de cuestiones delicadas como la clase. (...)
Un enfoque de género podría, teóricamente, incluir también cuestiones de clase. Y los proyectos feministas ya están en general conceptualmente orientados hacia las personas desfavorecidas y marginadas, entre las que se incluyen las trabajadoras despedidas, las trabajadoras migrantes y las trabajadoras domésticas. Sin embargo, sin la libertad de articular un marco crítico claro que aborde las múltiples jerarquías y desigualdades, las feministas chinas corren el riesgo de ser cooptadas por el Estado. Su éxito en involucrar al Estado a través de la [Federación de Mujeres] oficial y su legitimidad discursiva para buscar la igualdad de género como parte de la modernidad plena han sido posibles, en gran medida, porque la mayoría de las feministas operan conscientemente dentro de los parámetros de la cultura política actual (...) A veces es difícil separar la cautela diplomática del deseo de ser aceptadas por el sistema oficial.3

Ahora que ha transcurrido otra década, tengo claro que la gama de actividades reguladas que la generación anterior de feministas llevó adelante con la debida cautela se ha convertido gradualmente en la percepción de lo que significa el feminismo para muchas jóvenes chinas. Parece que las actividades feministas solo pueden centrarse en la lucha por la igualdad de derechos de las mujeres, mientras que el cuestionamiento y la crítica a la estructura política, la ideología y los sistemas económicos dominados por los varones no tienen nada que ver con el feminismo. Este fenómeno es precisamente el resultado de los tabúes políticos y la consecuencia a largo plazo de la autocensura feminista china. Me preocupa que la subyugación política de décadas pueda llevar a quienes la sufren a aceptar los tabúes como norma y a confinar su pensamiento a los límites permitidos por el Estado y perder la capacidad de cuestionar prohibiciones y el coraje para desafiar los mecanismos disciplinarios. Es absolutamente necesario que toda feminista china analice conscientemente los efectos del control político en el plano conceptual y reflexione sobre las manifestaciones de autocensura, para así adquirir la capacidad de rechazar el «vendado de pies»4 mental del dictador, que se practica a diario. Entre generaciones de feministas chinas siempre ha habido guerreras sabias y valientes que rechazaron con seriedad la esclavitud espiritual e intelectual. Siento un profundo respeto por ellas y, gracias a su existencia, siempre confío en el futuro del feminismo chino.

Las ventajas y desventajas de ser una activista en la diáspora

Mi cargo de docente en la Universidad de Michigan me permite no depender económicamente del sistema oficial chino. Al ejercer el activismo feminista en China, a mí me preocupa mucho menos el posible castigo por romper tabúes políticos que a mis colegas, que se preocupan por poder seguir ganándose la vida. Me inquieta más el impacto que puedan tener mis acciones sobre ellas. En las dos décadas previas a la asunción de Xi Jinping y con el subsiguiente deterioro del clima político, las universidades chinas habían fomentado el intercambio con instituciones académicas extranjeras, y mi puesto en la Universidad de Michigan fue una ventaja para mi activismo feminista académico. Antes del auge del discurso de las «fuerzas extranjeras hostiles» (境外敌对势力), y cuando el lema oficial «Integrarse al mundo» aún estaba vigente, se daba la bienvenida a una académica de una prestigiosa universidad estadounidense con becas, aun si a los administradores de las universidades chinas no les interesaban los estudios feministas. Desafiando deliberadamente los vetos políticos dentro del ámbito académico, relativamente «libre», impartí numerosos seminarios y talleres para presentar a jóvenes docentes y estudiantes de posgrado de universidades chinas algunos textos feministas críticos hacia el capitalismo global y el neoliberalismo, destacando los análisis feministas de múltiples sistemas opresivos y la intersección de género, clase, raza, etnia, orientación sexual y otras relaciones de poder. Presentar y traducir textos feministas se convirtió en mi forma de «contrabandear» conceptos críticos como «clase» en la academia china, donde toda una generación de jóvenes académicas no había conocido el concepto marxista de «clase» (阶级), ya que se les enseña únicamente el concepto weberiano de «estratificación» (阶层). Cuando revisaba textos feministas en inglés traducidos por académicas en China, tenía que corregir repetidamente el uso de «estratificación» donde los textos originales decían «clase». El borramiento de la «clase» como concepto crítico era una realidad material en un Estado donde los intelectuales eran en gran medida cómplices del sistema estatista. Preparé a las participantes de mis seminarios y talleres para mis perspectivas críticas, subrayando que mi objetivo era ofrecerles lo que normalmente no podían obtener en China. Abogué por la creación de un espacio académico sin autocensura donde abordar un pensamiento crítico y adquirir las herramientas analíticas del feminismo, y debatir libremente temas relacionados con la política y la sociedad chinas. Mi objetivo ha sido construir un discurso crítico feminista que cuestione el discurso neoliberal y darwinista social dominante en China y que, con suerte, moldee el surgimiento de un nuevo tipo de subjetividad feminista.

Además de mi trabajo en el sistema de educación superior de China para promover una transformación curricular feminista, mi investigación académica también forma parte de mi acción feminista. Mis dos obras de investigación en inglés exploran la rica herencia del feminismo chino. El propósito de producir estos libros de historia fue construir una genealogía del feminismo en el país para que las generaciones más jóvenes se inspiren en sus valientes e inteligentes predecesoras feministas, aprendan de sus perspectivas y lecciones, y prosigan sus luchas inconclusas. La producción de conocimiento histórico feminista también desafía la historia y los discursos dominantes.

Algunas jóvenes feministas en China pretenden trazar una línea divisoria entre los grupos académicos y las activistas; no sé en qué categoría me ubicarían. Siempre he estado en universidades de eeuu y China, y es en las instituciones de educación superior donde desarrollo mi acción feminista. Quienes intentan usar el término «académico» para menoscabar a las personas involucradas en la producción y la difusión de conocimiento feminista deberían leer algo de las exposiciones de Michel Foucault sobre la relación entre saber y poder para entender la estrecha relación entre la producción de conocimiento feminista y las transformaciones sociales, culturales y políticas feministas. Las jóvenes feministas chinas necesitan con urgencia incorporar marcos analíticos críticos para comprender los diversos mitos creados por el discurso dominante y así no ser controladas por el poder gobernante.

Por supuesto, también hay académicas de elite que utilizan las teorías académicas feministas como herramienta para ascender en la escala social. Para ellas, predicar con el ejemplo no es su problema. Hay personas así en todos los países, por no hablar de los intelectuales chinos que caen en la doble trampa del palo y la zanahoria. Pero estas personas no deberían ser vistas como representativas de las académicas que han trabajado incansablemente en espacios feministas y en las aulas. Es precisamente gracias al duro trabajo de las académicas feministas que las teorías y los conceptos críticos se han incorporado poco a poco en las universidades y los círculos académicos chinos. En comparación con mi generación, muchas jóvenes estudiantes chinas poseen hoy cierto conocimiento de los conceptos feministas críticos, mucho más de lo que teníamos cuando iniciamos nuestro camino.

También me gustaría subrayar que las feministas no deberían adoptar perspectivas de «alteridad» que menosprecien a otros grupos. Los movimientos feministas en todo el mundo involucran siempre a grupos diversos de personas, sin un centro ni un liderazgo unificado bajo una figura autoritaria. El desarrollo de un movimiento desde los márgenes de la sociedad depende de que cada participante respete a otras personas en diferentes posiciones sociales y se involucre en diversas prácticas al máximo de sus capacidades y condicionado por su entorno. Es la suma de la iniciativa y la práctica creativa individual de cada participante lo que promete convertir al movimiento en un motor de cambio social. Las feministas chinas, sometidas a un férreo control y vigilancia política, carecen de canales abiertos de comunicación y de espacios libres para la discusión y el debate, y suelen comprender poco los esfuerzos de otras feministas. Por lo tanto, es crucial actuar sobre la base de hechos y no de suposiciones, para no generar fracturas en las comunidades feministas en un entorno político ya intenso. Mi identidad transcultural también me pone en una posición adversa. En la segunda década tras la Conferencia sobre la Mujer, la tendencia política del Estado de partido único chino cambió del eslogan de «Integrarse al mundo» al que pone el acento en la «Advertencia contra fuerzas extranjeras hostiles». Los movimientos sociales fueron reprimidos uno tras otro bajo la acusación de colusión con este enemigo externo. En 2017, este garrote político golpeó oficialmente al feminismo. El siguiente pasaje es un extracto de un discurso oficial de Song Xiuyan, la líder máxima de la mencionada federación de mujeres, la acwf, de ese año:

Actualmente, nuestro Partido se mantiene unido y está liderando al pueblo hacia una victoria decisiva en la construcción integral de una sociedad moderadamente próspera. Las fuerzas hostiles occidentales están intensificando su estrategia de occidentalización y división contra China. Atacan la teoría marxista sobre la mujer y nuestra política estatal fundamental de igualdad entre hombres y mujeres, y promueven activamente el «feminismo» y la «supremacía feminista» occidental. Algunas, bajo la bandera de la «protección de derechos», el «alivio de la pobreza» y la «caridad», intervienen directamente en los asuntos de las mujeres de China en un intento de encontrar y abrir brechas en el campo de las mujeres.

En mi opinión, en tanto historiadora de la China moderna, la denuncia de las «fuerzas hostiles occidentales» como justificación de la represión no es diferente de la de la «lucha de clases» de la era de Mao. Mientras la lucha por el poder político lo requiera, el oponente puede ser etiquetado como «seguidor de la vía capitalista», «traidor al Partido», «autoridad académica burguesa», «revisionista», «colaborador con países extranjeros», etc. Se puede incriminar al oponente de diversas maneras con el fin de aniquilarlo por temor a la amenaza que representa para el poder. Todos estos esquemas no tienen nada que ver con el bienestar de la gente. Hoy, dado que trabajo en una universidad estadounidense y mis actividades de producción de conocimiento y transformación cultural feminista se llevan a cabo en China, se me clasificará como parte de una «fuerza extranjera hostil». En 2018, en un discurso público en China, en el marco de una revisión de los errores cometidos por el pcch a lo largo de la historia, hice específicamente una asociación crítica entre el esquema de la lucha de clases de Mao Zedong y el discurso actual de invocar la expresión «fuerzas extranjeras hostiles». Policías vestidos de civil presentes en mi conferencia me denunciaron ante el administrador principal de la universidad. Una colega feminista comentó: «Justo cuando querían incriminarte como una fuerza extranjera hostil, los criticaste públicamente. Por supuesto que están enojados». Situaciones tan ridículas y tristes como estas son una realidad que las académicas feministas que viven en el extranjero deben hoy afrontar.

De hecho, una versión similar de esta frase se utilizó por primera vez contra las feministas después de la represión de las Cinco Feministas en 20155. En ese momento, escribí un artículo breve titulado «¿Qué son las fuerzas políticas extranjeras?» con el fin de exponer las implicaciones maliciosas de este discurso político6. El lugar en el espacio que ocupo y el conocimiento histórico que poseo me permiten rechazar abiertamente la represión política del feminismo. También insto a todas las lectoras preocupadas por el desarrollo del feminismo en China a exponer y rechazar cualquier estigma político e incriminación en la medida en que su situación lo permita. Debemos evitar convertirnos en víctimas de persecución política y estar alertas ante cualquiera que pueda convertirse en cómplice en el proceso de incriminación política. Con los rápidos cambios que se producen en el panorama geopolítico actual, mi identidad diaspórica complicará aún más mis prácticas feministas transnacionales, pero esto hace aún más urgente continuar la lucha.

Creación de un ciberespacio para el surgimiento de redes feministas transnacionales chinas

Para hacer frente a un espacio político drásticamente comprimido y a una mayor vigilancia en China, un grupo de académicas feministas que viven tanto en el país como en el extranjero ha creado un nuevo sitio web, chinesefeminism.org, que ofrece un foro digital y un repositorio. Las personas interesadas pueden consultar actualizaciones sobre actividades feministas en el país, análisis feministas recientes de hechos políticos, sociales y culturales en curso, y recursos académicos útiles tanto para académicas feministas como para el público general interesado en la investigación e historia feministas. El sitio web también ofrece un espacio para que las feministas articulen voces críticas sin autocensura. Las autoras pueden mantener el anonimato utilizando seudónimos. Mediante la organización de diversas secciones, las feministas chinas, situadas en distintos espacios transnacionales, pueden formar una red virtual para actuar y apoyarse mutuamente en un momento político difícil. Las activistas están considerando añadir versiones en inglés de los principales textos chinos para informar al mundo anglófono sobre las difíciles batallas que libran las valientes feministas chinas en esta coyuntura histórica crítica. El sitio web ilustra vívidamente que no sucumben ante la adversidad, sino que exploran activamente diversos espacios y crean otros nuevos para promover la causa feminista.

Nota: la versión original de este artículo, en inglés, se publicó en Made in China, 9/6/2021. Traducción: Carlos Díaz Rocca.

  • 1.

    En 1989, estudiantes y ciudadanos en general se concentraron en la Plaza de Tiananmén para exigir reformas políticas, libertad de expresión y el fin de la corrupción. El 4 de junio, el gobierno envió al Ejército para desalojar las protestas por la fuerza, causando centenares de muertes y detenciones [N. del E.].

  • 2.

    En el caso del PCCh [N. del E.].

  • 3.

    Wang Zeng: «Feminist Networks» en You-tien Hsing y Ching Kwan Lee (eds.): Reclaiming Chinese Society: The New Social Activism, Routledge, Londres, 2010.

  • 4.

    La expresión «vendado de pies» alude a la antigua y cruel práctica china en la que se envolvían con vendas los pies de las niñas para moldear su cuerpo según los ideales de belleza de la época; aquí se utiliza en sentido metafórico [N. del T.].

  • 5.

    En marzo de 2015, Li Maizi, Wu Rongrong, Zheng Churan, Wei Tingting y Wang Man, conocidas como las «Cinco feministas», fueron detenidas por organizar una campaña contra el acoso sexual en el transporte público. Estuvieron 37 días bajo custodia policial y fueron liberadas bajo fianza, en un caso que evidenció la creciente represión estatal contra el activismo feminista en China [N. del E.].

  • 6.

    Wang Zheng 王政: 何为国外政治势力 [¿Qué son las fuerzas políticas extranjeras?] en 女权论坛 [Feminismo chino], 2/4/2015, disponible en chinesefeminism.org/2020/07/10/何为国外政治势力.

Este artículo es copia fiel del publicado en la revista
ISSN: 0251-3552
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