El 24 de junio, dos terremotos sucesivos golpearon el centro-norte de Venezuela, en el peor sismo en más de un siglo. Dejaron edificios tragados por la tierra, miles de víctimas y familias que todavía cavan entre los escombros. La emergencia recayó sobre un Estado debilitado por una década de crisis y sobre un gobierno de transición, surgido de la captura de Nicolás Maduro por tropas estadounidenses, mientras el rescate lo sostenían vecinos, voluntarios y delegaciones extranjeras.