Las relaciones intelectuales y políticas entre China y América Latina tienen una historia extensa y asimétrica, que va desde la admiración ilustrada latinoamericana por el modelo económico chino hasta los debates republicanos y antiimperialistas de principios del siglo xx, pasando por el maoísmo y el tercermundismo. Con el declive de estos últimos en las décadas de 1980-1990, el vínculo se redujo a lo meramente comercial y diplomático. Hoy, ante la creciente presencia de China en el continente, América Latina se ve obligada a repensar esta relación, entre la fascinación y el temor que inspira.