Tribuna global
NUSO Nº 300 / Julio - Agosto 2022

Portugal y la derecha radical: otra «excepción» que cae

La llegada al Parlamento del primer diputado de Chega en 2019 constituyó un paso en la consolidación de una fuerza de derecha de un volumen inexistente desde la caída de la dictadura. En los tres años que siguieron, Chega atravesó un proceso de consolidación organizacional, ideológica y electoral, que lo condujo a ser actualmente la tercera fuerza política en cantidad de representantes en el Parlamento, con vínculos con otras fuerzas radicales en el ámbito europeo e internacional.

Portugal y la derecha radical: otra «excepción» que cae

La democracia portuguesa contemporánea surgió a partir del golpe de Estado militar que, el 25 de abril de 1974, derrocó al régimen autoritario del Estado Novo, fundado por António de Oliveira Salazar en 1933 y comandado por él mismo hasta 1968, cuando, por razones de enfermedad, fue suplantado por su sucesor Marcelo Caetano. El carácter marcadamente derechista del régimen de Salazar condicionó el rumbo adoptado por los partidos en formación durante la transición democrática. En el campo no socialista, ninguna fuerza quiso posicionarse oficialmente a la derecha del espectro político. Dentro de ese espacio que adquiere representación parlamentaria ya en las elecciones para la Asamblea Constituyente de 1975, los protagonistas fueron el Partido Popular Democrático (Partido Social Demócrata, psd, a partir de 1976) y el Centro Democrático Social (cds). El psd fue fundado por los animadores de la semioposición liberal interna a la dictadura en los últimos años de Caetano. En cuanto al cds, lo fundaron segundas líneas del aparato jurídico-administrativo del régimen autoritario, identificados con el conservadurismo y la democracia cristiana1. A lo largo de la transición democrática, fueron varias las tentativas de organizar partidos ubicados más a la derecha del cds, con objetivos principales como el de salvaguardar la presencia de Portugal en África y obstaculizar la instauración de un régimen marxista por parte de las izquierdas radicales, en particular del Partido Comunista Portugués (pcp) y de la facción revolucionaria del Movimiento de las Fuerzas Armadas (mfa), autor del golpe militar de 1974. Esas tentativas identificadas con la extrema derecha fueron protagonizadas por fuerzas integracionistas de ultramar en el imperio portugués –Partido del Progreso (mfp-pp) y Partido Liberal (pl)–, por católicos liberales-conservadores –Partido de la Democracia Cristiana (pdc)– y, más tarde, por nacionalistas –Partido de la Derecha Portuguesa (mirn-pdp), del general Kaúlza de Arriaga–. Todas ellas conformaron, sin embargo, iniciativas efímeras, reprimidas durante la fase revolucionaria de la transición democrática (1974-1975) y definitivamente liquidadas tras la victoria, en las elecciones legislativas de 1980, de la Alianza Democrática, coalición electoral formada por el psd, el cds y el ppm (Partido Popular Monárquico)2

A partir de entonces, el espectro partidario portugués se cristalizó en torno de los partidos fundadores de la democracia en el país: a la izquierda, el Partido Socialista (ps) y el pcp; a derecha, el psd y el cds. Este panorama se mantuvo inalterado durante las últimas dos décadas del siglo xx, con la excepción relevante, aunque efímera, del Partido Renovador Democrático (prd), presente en el Parlamento entre 1985 y 1991. Los cambios más importantes recién se registraron en los inicios del siglo xxi, con el ingreso al Parlamento, en las legislativas de 1999, del Bloque de Izquierda (Bloco de Esquerda, be), partido de la nueva izquierda fundado por sectores radicales críticos del «socialismo real»3. En el polo opuesto, ninguna de las agrupaciones ubicadas más a la derecha del cds logró por entonces acceder al Parlamento. Entre estas contaron, especialmente, el Partido Nacional Renovador (pnr), fundado en 1999 por militantes de la extrema derecha tradicional salazarista, y el Partido de la Nueva Democracia (pnd), lanzado en 2003 por el antiguo líder del cds, Manuel Monteiro, con una agenda conservadora, euroescéptica y promotora de un discurso de populismo de protesta. Habría que esperar hasta 2019 para que la derecha radical accediese, de manera inédita, al Parlamento, a raíz de la elección del diputado André Ventura, fundador y presidente del partido Chega [Basta]4. Y si junto con España, Portugal era considerado una excepción europea en relación con la extrema derecha, debido, según algunos analistas, a la proximidad del salazarismo y el franquismo, hoy ambos países de la Península Ibérica ya tienen sus fuerzas de derecha radical en el Parlamento.

Chega es el fruto del emprendedurismo político de su fundador, André Ventura. Nacido en 1983 en el seno de una familia de la pequeña burguesía suburbana de Lisboa, a los 15 años Ventura adhirió a la Juventud Social Demócrata (jsd), la organización juvenil del psd. Imbuido de fervor religioso, frecuentó sus estudios secundarios en el seminario sin, no obstante, continuar por el camino sacerdotal, y obtuvo su licenciatura en Derecho por la Universidad Nueva de Lisboa para luego doctorarse en la Universidad de Cork, en Irlanda. A continuación inició su carrera como docente universitario en instituciones privadas y, en paralelo, como inspector tributario en la administración pública, para más tarde dar inicio, en 2014, a su proyección pública como comentarista televisivo en programas sobre seguridad, justicia, política y deportes. 

Las intervenciones televisivas de Ventura, hincha del club Benfica –el más popular entre los portugueses–, hicieron de trampolín hacia el gran público y de escuela donde pulir sus dotes de polemista en debates públicos polarizados. Por esos años, el futuro líder de la derecha populista portuguesa buscó promoverse dentro del psd, donde pasó a integrar hasta 2017 el Consejo Nacional del partido, apoyando al presidente del psd, el ex-primer ministro Pedro Passos Coelho. Ya en esa etapa, Ventura comienza a diseñar proyectos políticos autónomos de cariz populista, inspirados en el partido antisistema italiano Movimiento 5 Estrellas (m5s) y en el estilo osado del francés Nicolas Sarkozy, a quien Ventura venía siguiendo desde sus disputas con los jóvenes de las periferias parisinas cuando era ministro de Interior, en 2005. Su proyectada autonomía no avanzó entonces, puesto que en 2017 el psd le ofreció la primera oportunidad relevante para su carrera política: la candidatura dentro de la coalición psd-cds-ppm, de cara a las elecciones municipales de 2017, como cabeza de lista para la Cámara Municipal de Loures, importante centro urbano del área metropolitana de Lisboa tradicionalmente gobernado por la izquierda. En el marco de esa campaña, Ventura inauguró la estrategia comunicacional que lo caracterizaría después: la adopción de posiciones radicales en cuestiones sociales y políticas sensibles, polarizando la opinión pública y conquistando la atención de los medios. En 2017, en concreto, lo hizo posicionándose con dureza respecto de la importante comunidad gitana residente en Loures y sus problemas de integración (deserción escolar, matrimonios de menores), dependencia de subsidios y microcriminalidad. La estrategia comunicacional funcionó: Ventura logró la atención de los medios y la reacción de todos los partidos de izquierda, incluido el primer ministro socialista; generó incluso la fractura, en Loures, de la coalición de centroderecha que lo tenía al frente (con el abandono del partido cds). Ventura saltó, de este modo, de candidato local a figura polémica nacional. Y utilizó el buen resultado obtenido en Loures –un número absoluto de votos nunca alcanzado por el psd, aunque insuficiente para el triunfo– como plataforma hacia la conquista del partido. Así es como creó, en 2018, el Movimento Chega, dentro del psd, con la intención explícita de competir en internas por la presidencia del partido e imprimirle una orientación plena a la derecha, en contra de la línea centrista de su dirección. Y ante la negativa de los cuadros partidarios de apoyarlo en su escalada, Ventura transformó el Movimiento Chega en un partido autónomo. 

El proceso comenzó a fines de 2018, con el apoyo de un reducido grupo de personas de su red propia: amigos de juventud, viejos colegas de facultad, estudiantes de sus cursos universitarios, adeptos conquistados en las elecciones municipales de 2017. Es decir, Chega no nació como escisión de una derecha interna del psd integrada por cuadros y militantes previamente organizados que pasaran a apoyar al nuevo líder. La fragilidad inicial del proyecto, de hecho, quedó patente desde el arranque. En marzo de 2019, el Tribunal Constitucional detectó diversas irregularidades en las 7.500 firmas presentadas por el partido para su habilitación. En mayo, aun sin respaldo legal, Chega se vio obligado a aliarse con otras formaciones de cara a las elecciones europeas –lo hizo con dos pequeños partidos, el ppm y el Partido Ciudadanía y Democracia Cristiana (ppv/cdc), y con el movimiento Democracia21–. Encabezada por Ventura, esta alianza adoptó la denominación «Basta» y obtuvo apenas 1,49% de los votos (poco menos de 50.000) y ningún eurodiputado. Fue un resultado muy débil, que se acentuó en septiembre de 2019 al obtener un raquítico 0,43% en las elecciones regionales del archipiélago de Madeira.

De todos modos, la campaña en las elecciones europeas sirvió para ensayar la línea política del partido: una identidad liberal-conservadora, traducida en un planteamiento de ley y orden y de populismo de protesta, apoyándose en posicionamientos polémicos orientados a la conquista del espacio mediático: reducción drástica del número de diputados del Parlamento nacional, cadena perpetua para crímenes brutales, castración química para pedófilos. En lo tocante a Europa, Chega no hizo suyo el euroescepticismo típico de las derechas radicales europeas, sino apenas ese antifederalismo característico de la derecha mainstream portuguesa, algo más amoldado al fuerte europeísmo en la opinión pública nacional. 

La oficialización de esta línea política se llevó a cabo en la primera convención nacional de Chega, en junio de 2019, en la que se establecieron los órganos dirigentes del partido y se aprobó el programa para las elecciones legislativas del 6 de octubre de 2019. En la campaña electoral para las legislativas, Chega mantuvo su identidad liberal-conservadora diferenciándose de los partidos de centroderecha por su marcado tono antisistema: denuncias de la partidocracia y de la corrupción política enquistada en la democracia portuguesa; llamado a fundar la Cuarta República presidencialista con una reforma radical de la Constitución; refuerzo de las políticas de seguridad y legalistas, mediante el apoyo a las fuerzas policiales y el rechazo a la «subsidiodependencia» de las minorías étnicas; combate cultural contra la agenda posmaterialista de la izquierda, es decir, con respecto a la corrección política, la llamada «ideología de género», la agenda lgbti+, la descolonización de la cultura. En términos económicos, el programa de Chega presentaba un marcado sesgo liberal, apuntalado en los planteos de la escuela austriaca de economía de Friedrich Hayek y Ludwig von Mises. Sus medidas más polémicas eran la reducción drástica de la progresividad en los impuestos, de cara al objetivo de un flat tax único de 15%, y la introducción del principio de un Estado financiador pero no prestador de servicios, incluso en las áreas de salud y educación.

El programa político presentado para las legislativas de 2019 incorporó a Chega en la familia política de los partidos populistas de derecha radical5, particularmente dentro de lo que es la nueva derecha, que no reivindica el legado histórico de los regímenes autoritarios del pasado6. En repetidas ocasiones, por cierto, Ventura rechazó toda nostalgia estadonovista, responsabilizando a Salazar del atraso económico y estructural del Portugal contemporáneo. El líder de Chega prefería presentarse como un hombre de la generación de la década de 1980, apegado a la democracia liberal y siempre orgulloso del pasado heroico del país –la era de los «descubrimientos» y del Imperio portugués–, aunque sin nexos con la glorificación del pasado propia de la dictadura de Salazar.

En comparación con los programas del resto de los partidos con presencia parlamentaria, el programa de Chega revela una preeminencia más clara del populismo en sus tres dimensiones de antielitismo, idea de un pueblo virtuoso y celebración de la soberanía popular7. Más allá de su sesgo fuertemente neoliberal, el programa presenta un marcado cariz identitario conservador, que, según algunos autores, traza una dicotomía entre los portugueses «verdaderos» y los «no portugueses», como los gitanos o las personas de origen migrante8. Para otros autores, la insistencia en las temáticas legalistas y de seguridad encuadra a Chega entre los partidos con una estrategia de populismo punitivo nativista, por promover la imagen del outsider peligroso para la seguridad del insider9.

Con solo 66.448 votos conquistados (1,3%), Chega logró llevar a Ventura al Parlamento nacional. El resultado apenas alcanzó para asegurar la elección del líder del partido en el distrito electoral de Lisboa, el único accesible para los partidos pequeños. Los mejores desempeños de Chega se registraron tanto en áreas de alta como de baja intensidad poblacional. La superposición geográfica con las áreas tradicionalmente comunistas no permite hacer ninguna deducción sólida acerca de la eventual transferencia de votos de la izquierda radical a la derecha radical10.

Convertido en el primer diputado de extrema derecha de la Asamblea de la República desde la Revolución de 1974, André Ventura conquistó de inmediato la atención de los medios de comunicación y de los distintos partidos de izquierda. La consecuencia fue el crecimiento palpable de Chega en los meses que siguieron a aquella elección: el partido multiplicó sus seguidores en redes sociales, al tiempo que saltaba de 700 a 15.000 afiliados para el verano de 2020 –los 40.000 declarados por el partido en 2021 parecen excesivos, pero es evidente su progresión ascendente– y registraba un incremento constante en las encuestas, posicionándose como tercera fuerza política detrás del ps y el psd, aunque sin superar el 10% en la intención de voto. Con esto, el partido hizo una apuesta inmediata a la movilización en las calles, algo inusual para la derecha portuguesa mainstream. Son emblemáticas sus manifestaciones de apoyo a los reclamos de las fuerzas de seguridad –en movilizaciones no coordinadas por los gremios tradicionales–, de oposición a las medidas del gobierno socialista y de rechazo a la agenda identitaria de las izquierdas, principalmente en lo relativo a campañas que combaten el llamado racismo estructural o alertan sobre la necesidad de descolonizar la cultura y la memoria histórica portuguesas.

Su consolidación hizo de Chega un interlocutor para los partidos de centroderecha, por ahora solo en el caso de la Región Autónoma de las Azores, donde, en noviembre de 2020, psd y cds firmaron un acuerdo para garantizar el apoyo externo del partido de Ventura al gobierno de centroderecha que pone fin a 20 años de poder socialista. Las izquierdas denunciaron que ese acuerdo equivalía a una normalización de la extrema derecha y la polémica se extendió al interior de la centroderecha, muchos de cuyos adeptos se oponían a cualquier forma de populismo. El asunto fue particularmente sensible en tanto evidenció una fuerte capacidad de Chega para atraer también al electorado de centroderecha. La base electoral y militante del partido se amplió a partir de dos ejes: por un lado, el apoyo de electores antisistema o que se manifiestan hartos del sistema político (que llevaban muchos años de abstención electoral) y que ahora se sienten atraídos por Chega y su inédita oferta política de protesta; y, por otro lado, el respaldo de afiliados al psd y el cds descontentos con el vector centrista de ambos partidos o estimulados por las oportunidades de carrera política que el nuevo actor antisistema les proporciona. Considerando la escasa relevancia de los conflictos étnicos y migratorios en Portugal, y tomando en cuenta el estancamiento de la insatisfacción de los portugueses con el sistema político durante la segunda década del siglo xxi, algunos autores concluyen que la falta de diferenciación en los partidos moderados respecto de los temas socioeconómicos y la apertura de los electores a ofertas políticas alternativas son las razones que mejor explican el avance de Chega11.

Sea como fuere, la pluralidad de culturas y aspiraciones políticas que confluyeron en Chega multiplicó las tensiones internas, en los niveles local y nacional. El partido se vio obligado a celebrar tres congresos nacionales en apenas dos años para estabilizar su estructura. Pese a ello, no logró aquietar la conflictividad interna, lo que quedó a la vista con la salida de varios de sus fundadores a lo largo de la primera legislatura (2019-2022) y en la creciente oposición interna, hasta ahora sin consecuencias desde el punto de vista organizativo. La preocupación por la imagen en los medios y las redes sociales llevó a Ventura a concentrar el poder y tomar medidas polémicas, como la creación de la Comisión de Ética, diseñada para suspender la crítica interna, o la desarticulación de las facciones supuestamente radicales –integradas por jóvenes empeñados en la estructuración de la incipiente organización juvenil de Chega–, consideradas nocivas para la imagen del partido en los medios. El estilo personalista de Ventura viene siendo la constante a través de los años, en sintonía con su estrategia discursiva de populismo mesiánico, carismático y autoritario12. Ejemplo de esto es el hábito de someter su liderazgo a la confirmación plebiscitaria de los afiliados a Chega cuando los resultados del partido no son satisfactorios. En paralelo, a lo largo de los años Ventura seleccionó un restringido círculo de colaboradores, sumamente fieles e impermeables a la crítica interna. Su figura como líder no está en discusión, ni siquiera entre la mayoría de los críticos internos, conscientes de la superioridad del capital social y político de Ventura en comparación con la del propio partido. La polémica se limita a la falta de democracia interna y al poder incontestable del presidente del partido y su núcleo de colaboradores.

Hay dos momentos relevantes en el proceso de consolidación de Chega. En su segundo Congreso Nacional, en Évora (septiembre de 2020), el partido se abocó a pulir su perfil ideológico y programático, para lo cual un elemento central fue la integración en sus filas del intelectual Gabriel Mithá Ribeiro. El trabajo del ahora diputado confirma las directrices originarias –conservadurismo en los valores, liberalismo en la economía, pero atemperado por el papel subsidiario del Estado, occidentalismo en política externa (apoyo al Estado de Israel, europeísmo antifederalista)– y las cristaliza en la fórmula «Dios, Patria, Familia y Trabajo», asumida en el cuarto Congreso Nacional reunido en 2021. El cariz ultraliberal en economía típico del primer programa de 2019, de todos modos, ha sido abandonado. El partido sigue mostrándose fuertemente crítico del excesivo peso fiscal estatal, pero sustituye las propuestas de privatización total de los servicios públicos por los principios de complementariedad entre los sectores público y privado en la provisión de servicios, y de subsidiariedad del Estado allí donde el libre mercado no garantiza el acceso ciudadano a los servicios esenciales. 

En este periodo toma forma la fusión de un antiguo compañero de alianza, el ppv/cdc, dentro de Chega. Surgido a partir del movimiento social «pro-vida», ese pequeño partido cristiano había sido determinante para la elección de Ventura en Lisboa en 2019. Por esto, su contribución pasa a ser premiada con un lugar destacado para su líder Manuel Matias dentro de la dirección de Chega y con un margen de maniobra para sus afiliados católicos y evangélicos en la estructura del partido populista, cosa que en redes y medios fue vista como la infiltración del lobby cristiano ultraconservador.

En materia internacional, Chega se acercó definitivamente a los partidos populistas y soberanistas europeos de derecha: en julio de 2020 integró el eurogrupo Identidad y Democracia (id), liderado por el francés Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen y por la Liga de Matteo Salvini en Italia; también estrechó lazos con el partido de Jair Bolsonaro en Brasil y con Vox en España, y comenzó a mirar con interés al líder húngaro Viktor Orbán. En este sentido, el partido combina su europeísmo respetuoso de las soberanías nacionales con la denuncia de supuestas amenazas terroristas ligadas al flujo migratorio oriundo de países musulmanes y al crecimiento de las comunidades islámicas en Europa. Aun cuando no es central en el discurso de Chega, la cuestión islámica suele acabar aflorando cuando el debate involucra asuntos de fronteras externas de la Unión Europea y leyes de inmigración y de nacionalidad, aunque con el cuidado de focalizar las incompatibilidades en términos «culturales» y no étnico-raciales. Para algunos autores, esta estrategia discursiva valoriza los aspectos culturales sin dejar de tener en cuenta los biológicos, como quedaría demostrado en el programa de Chega elaborado en 201913.

El segundo momento relevante lo constituyen las elecciones presidenciales de enero de 2021. La agresiva estrategia comunicacional del líder en los debates con los demás candidatos presidenciales buscó consolidar la imagen de único político antisistema, y el resultado fue 12% de los votos (casi medio millón de electores), perdiendo por poco el anhelado segundo lugar. La campaña fue la ocasión para que Ventura estrenase su concepto de pueblo virtuoso, constituido por los «portugueses de bien», permanentemente traicionados tanto por la elite político-económica en el poder como por los ciudadanos que no respetan las leyes o que se benefician del Estado social. En este sentido, el líder de Chega demostró su habilidad para formular mensajes polémicos altamente movilizadores, hechos a medida de los medios mainstream hambrientos de audiencia y de ciertos usuarios de las redes sociales14. Tales mensajes dieron pie a acciones judiciales contra el partido, promovidas por movimientos sociales antirracistas y por adversarios políticos. Sin embargo, y a diferencia de la extrema derecha tradicional (el pnr), Chega no sufrió un alto grado de estigmatización por parte de los medios, cosa que suele subrayarse como un factor explicativo de su crecimiento15.

Las elecciones de enero de 2021 demostraron asimismo el capital político de Ventura, muy superior al de su propio partido –el cual, en las elecciones municipales de mayo de 2021, logró en promedio 4,16% de los votos a escala nacional–. Las elecciones municipales fueron relevantes para Chega ya que le permitieron presentar candidatos en todo el territorio nacional, verificar las regiones con mejor desempeño (algunas por encima de 10%) y definir los liderazgos locales y su vínculo con la estructura del partido ya en fase de su profesionalización.

La geografía electoral de Chega en las tres instancias electorales de 2019 y 2021 mostró sus puntos fuertes en áreas del centro-sur y del interior de Portugal, tradicionalmente controladas por la izquierda comunista, lo que demuestra su capacidad para movilizar a los descontentos con la situación económica y con el sistema de partidos tradicionales, muchos de ellos habituados al abstencionismo. No es posible, de todos modos, afirmar que hubo un traspaso de votos comunistas a Chega: los mejores resultados locales de este partido no coincidieron con caídas significativas para el pcp, y muchos de sus éxitos ocurrieron en zonas donde el comunismo es tradicionalmente débil (como en los distritos del norte). Esto lleva a creer que el éxito del partido populista de derecha seguirá quedando determinado por la eventual transferencia de votos desde el psd y el cds16.

Las áreas de éxito electoral de Chega coinciden también con una fuerte presencia de la minoría étnica gitana, particularmente alcanzada por las políticas de subsidios y asistencia social que el partido critica. Esto convierte a la comunidad gitana en blanco privilegiado del discurso de Ventura, a diferencia, por ejemplo, de las distintas comunidades migrantes, no suficientemente significativas en el ámbito nacional como para habilitar la exploración eficaz de un perfil identitario antiinmigratorio17. Aun así, se trata, en palabras de algunos analistas, de una geografía del descontento y del resentimiento, con prevalencia del factor identitario por sobre el factor económico18. La desvalorización de la dimensión económica en el partido ya quedaba en cierto modo demostrada en su abandono de las proclamas del neoliberalismo entre 2019 y 2021, reemplazadas por proclamas antielitistas19.

Esta realidad se confirmó en las elecciones legislativas del 30 de enero de 2022, en las que Chega logró 7% de los votos y pasó de uno a 12 diputados. En el contexto de fuertes transformaciones en el mapa de la centroderecha –el cds desapareció del Parlamento por primera vez desde 1974, mientras que Iniciativa Liberal pasó de 1,3% y un único diputado en 2019 a 5% y ocho diputados ahora–, Chega se afianzó como tercera fuerza política detrás de los históricos ps y psd. Los casi 400.000 electores que apoyaron al partido se caracterizaron por ser mayoritariamente hombres (dos de cada tres), de hasta 54 años y con educación secundaria más que con educación básica o formación académica20. En 2020, los electores de Chega (en cantidad sensiblemente menor) se caracterizaban como mayormente hombres de entre 25 y 44 años de edad y con formación escolar superior al promedio portugués21. Se trata de electores jóvenes y adultos, muy religiosos, concentrados en las áreas rurales, ajenos a la nostalgia salazarista, insatisfechos con la política, aunque informados acerca de ella, principalmente a través de los diarios y las redes sociales. Son electores modernos, movidos por sentimientos de crítica cultural a la globalización y a la inmigración, pero a quienes no cabría considerar como los perdedores económicos de la globalización, por no pertenecer a los estratos sociales más afectados por la crisis y el estancamiento económico en Portugal22.

La consolidación organizacional, electoral y parlamentaria abre una nueva fase en la vida de Chega, cuya dirección ya se sumergió en el tránsito de partido de protesta a partido de gobierno, interesado en conquistar, ahora, el liderazgo de la oposición parlamentaria y en integrar una futura alternativa al actual gobierno socialista con mayoría absoluta. Si se reconfirma en los próximos tiempos, la dinámica de crecimiento protagonizada en los últimos tres años por Chega hará francamente difícil que se mantenga el «cordón sanitario» que aún hoy prevalece como estrategia de los partidos de centroderecha frente al populismo de derecha en Portugal.


Nota: la investigación que dio origen a este artículo fue apoyada por la Fundación para la Ciencia y la Tecnología (FCT) de Portugal, bajo el proyecto Grant PTDC/CPO-CPO/28748/2017. Traducción del portugués de Cristian De Nápoli.

  • 1.

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    R. Marchi: The Portuguese Far Right Between Late Authoritarianism and Democracy (1945-2015), Routledge, Londres, 2019.

  • 3.

    Marco Lisi: «New Politics in Portugal: The Rise and Success of the Left Bloc» en Pôle Sud vol. 1 No 30, 2009.

  • 4.

    Jorge M. Fernandes y Pedro C. Magalhães: «The 2019 Portuguese General Elections» en West European Politics vol. 43 No 4, 2020.

  • 5.

    Mariana S. Mendes: «‘Enough’ of What? An Analysis of Chega’s Populist Radical Right Agenda» en South European Society and Politics vol. 26 No 3, 2021.

  • 6.

    R. Marchi: A nova direita anti-sistema. O caso do Chega, Edições 70, Lisboa, 2020.

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    João Palhau, Patrícia Silva y Edna Costa: «Populismo nos partidos políticos portugueses – Os programas eleitorais de 2019» en População e Sociedade No 35, 6/2021.

  • 8.

    Paulo Miguel Fernandes Madeira, Katielle Susane do Nascimento Silva y Jorge Silva Macaísta Malheiros: «The Geography of the Nationalist Right in Portugal: Outlines of an Emerging Process» en Cadernos Metrópole vol. 23 No 51, 2021.

  • 9.

    Alfonso A. López-Rodríguez, Álvaro González-Gómez y Serafín González-Quinzán: «Populismo punitivo y extrema derecha en el espacio ibérico» en Universitas. Revista de Ciencias Sociales y Humanas No 35, 2021.

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  • 11.

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  • 12.

    João Ferreira Dias: «O Messias já chegou, e livrará ‘as pessoas de bem’ dos corruptos: messianismo político e legitimação popular, os casos de Bolsonaro e André Ventura» en Polis vol. 2 No 2, 2020.

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  • 14.

    Estrela Serrano: «Populismo em Portugal: o factor media» en Media & Jornalismo vol. 20 No 37, 2021.

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    M.S. Mendes y James Dennison: «Explaining the Emergence of the Radical Right in Spain and Portugal: Salience, Stigma and Supply» en West European Politics vol. 44 No 4, 2020.

  • 16.

    J. Fernandes y M. Pratas: «Os resultados das presidenciais à lupa: a vitória do Chega que talvez não chegue, a exagerada morte do PCP e a relação ps/Marcelo» en Observador, 21/2/2021.

  • 17.

    Alexandre Afonso: «Correlates of Aggregate Support for the Radical Right in Portugal» en Research and Politics, 7-9/2021.

  • 18.

    P.M. Fernandes Madeira, K.S. do Nascimento Silva y J. Silva Macaísta Malheiros: ob. cit.

  • 19.

    M.S. Mendes: ob. cit.

  • 20.

    João Cancela y P. Magalhães: «Bases sociais do voto nas legislativas de 2022», 17/2/2022, <http://www.pedro-magalhaes.org/bases-sociais-do-voto-nas-legislativas-de-2022/">www.pedro-magalhaes.org/bases-...

  • 21.

    P. Magalhães: «Quem quer votar no Chega?» en Expresso, 15/2/2020.

  • 22.

    Lea Heyne y Luca Manucci: «A New Iberian Exceptionalism? Comparing the Populist Radical Right Electorate in Portugal and Spain» en Political Research Exchange vol. 3 No 1, 2021.

Este artículo es copia fiel del publicado en la revista Nueva Sociedad 300, Julio - Agosto 2022, ISSN: 0251-3552


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