El presidente argentino Mauricio Macri habilitó recientemente que las Fuerzas Armadas se involucren en tareas de seguridad interior. Su política responde a un cambio en las doctrinas militares internacionales promovidas por Estados Unidos. Si en otro tiempo se pensaba en términos de la Doctrina de Seguridad Nacional, ahora se promueve la Doctrina de Inseguridad Nacional. Según la nueva doctrina, los enemigos actuales son un entramado de actores interconectados que operan domésticamente como parte de una oscura acechanza global y, por lo tanto, se necesita de los militares y su poder de fuego para neutralizarlos y eliminarlos. La política, sin embargo, es completamente errónea.