Varias familias de Corea del Norte y Corea del Sur se reunieron por primera vez desde la separación de los dos países. Durante algunas horas, los familiares que quedaron a un lado y a otro del paralelo 38, las familias pudieron conversar, abrazarse, reír y, sobre todo, llorar por la crueldad política que les impidió compartir sus vidas. El encuentro se enmarcó en las negociaciones entre las dos Coreas y en el nuevo contexto de la región. Es una luz de esperanza.