La negativa de Estados Unidos a permitir el ingreso al país del árbitro somalí Omar Artan, designado por la FIFA para el Mundial, revela una de las grandes contradicciones del torneo: una celebración global organizada dentro de fronteras cada vez más excluyentes. Pero el regreso triunfal de Artan a Somalia mostró también que el fútbol sigue produciendo pertenencia, reconocimiento y orgullo allí donde el poder intenta imponer sospecha y marginación.