Opinión
Octubre 2019

El ocaso del macrismo Entre liberalismo y neoliberalismo

Mauricio Macri intentó presentarse como un liberal democrático que buscaba «unir a los argentinos». Pese a ello, su gobierno mixturó una identidad antiperonista clásica con un neoliberalismo remozado, que no tuvo reparos en flirtear con propuestas autoritarias. Sin embargo, el neoliberalismo de Cambiemos no fue aquel que seguía el recetario del Consenso de Washington: fue uno que combinó ajuste, planes sociales de supervivencia y securitización de los problemas públicos.

El ocaso del macrismo  Entre liberalismo y neoliberalismo

En 2015, la alianza electoral Cambiemos, que tenía como socios mayoritarios al partido Propuesta Republicana (PRO) fundado por el empresario Mauricio Macri y a la tradicional Unión Cívica Radical (UCR), triunfó en las elecciones presidenciales. Si bien Macri comenzó su carrera política con posiciones públicas derechistas, supo suavizar su imagen y promover valores liberales y republicanos tales como el pluralismo, el diálogo y el respeto a las instituciones. Envuelto en una retórica de novedad, Cambiemos se vinculó a una concepción modernizante, tecnocrática y respetuosa de lo público y puso énfasis en «unir a los argentinos», profundamente divididos entre partidarios y detractores del gobierno peronista de Cristina Fernández de Kirchner.

Sin embargo, y pese a que en 2017 fue revalidado en las elecciones de medio término, Macri fue cuando menos inhábil: los pésimos resultados económicos que se verificaron desde el comienzo (pese a un repunte hacia la mitad del mandato) se agravaron con la ausencia de diálogo con la oposición y hasta con sus propios aliados, la falta de transparencia institucional y el desrespeto por valores liberales mínimos. Así, la propuesta de un gobierno abierto y pragmático, capaz de liderar un «cambio cultural», se fue diluyendo en la medida en que el gobierno se sumió en una cerrazón con tintes doctrinarios y antipluralistas, que mixturó una identidad antiperonista clásica con un neoliberalismo remozado sin reparos para flirtear con propuestas autoritarias. En este sentido, la derrota de Cambiemos en las elecciones primarias de 2019 muestra una vez más el fracaso del neoliberalismo, aun cuando haya quienes dentro y fuera del gobierno se nieguen a reconocer la impronta de la derecha neoliberal que caracterizó el periodo.

Neoliberalismo contra liberalismo

El liberalismo es una tradición política que se remonta a fines del siglo XVII y se caracteriza por defender la libertad como valor superior. Si bien cada autor liberal presentó su propia concepción de libertad, todos coincidieron en que esta debía asentarse en un entramado de derechos y deberes civiles y políticos que la realizaran de un modo igualitario.

En la medida en que el liberalismo se convirtió en la ideología de una burguesía que alcanzaba su apogeo, su derrotero se bifurcó. Por un lado, se continuó luchando contra tiranías y absolutismos, defendiendo de un modo más o menos abstracto valores como la razón, la autonomía, el pluralismo, la tolerancia, el progreso, la privacidad, la igualdad y la propiedad. Pero, también en nombre del liberalismo, se perfiló otra vertiente que ponía énfasis en el orden antes que en las libertades, en la sabiduría antes que en el raciocinio, en la tradición por encima del progreso y en el individualismo frente al bienestar común. A partir de allí se estableció una clara diferencia entre lo que se llamó un «liberalismo radical» (o de izquierda) y un «liberalismo conservador» (o de derecha). Si el primero fue el espacio desde donde comenzó a escribir el joven Marx antes de convertirse en un socialista y donde siguió abrevando la socialdemocracia, el segundo fue el germinador del que nació el neoliberalismo.

Pero el neoliberalismo no es apenas la versión aggiornada del liberalismo conservador, del mismo modo que el actual liberalismo igualitarista no equivale al liberalismo radical de antaño. El neoliberalismo es algo distinto: a diferencia de sus próceres enfrentados al Antiguo Régimen, los neoliberales surgieron para combatir el socialismo en todas sus formas (entendiendo aquí no solo el comunismo soviético sino también el keynesianismo o el Estado de Bienestar). Y lo hicieron, además, por todos los medios necesarios (no solo a través de elecciones sino también mediante «dictaduras limitadas», como la de Augusto Pinochet en Chile).

El neoliberalismo es, ante todo, un proyecto ético-político surgido de un colectivo intelectual antisocialista que procura la expansión de la libertad en un sentido muy limitado (como ausencia de impedimentos deliberados a la acción individual), a través de la mercantilización de objetos, sujetos y espacios. Pero los neoliberales no confían en que el mercado se baste a sí mismo y suponen necesario reforzarlo desde el Estado, regulando o desregulando, para convertir en mercancía aquello que los colectivos de ciudadanos se empeñan en desmercantilizar (de la educación a la seguridad y de la amistad al aire puro). En este sentido, al contrario de lo que se suele suponer, el neoliberalismo no tiene la voluntad de «achicar el Estado», sino de potenciarlo para reorientarlo a la mercantilización a través de la despolitización, entendida como la ausencia de polémicas sobre aquello que se debe hacer, y la búsqueda intencional de cierto nivel de desigualdad social y económica. Esta desigualdad se supone necesaria para generar la competencia que redundará en crecimiento.

El proyecto ético-político del neoliberalismo puede expresarse como un conjunto de instituciones y políticas públicas o en los diversos modos en que las sociedades internalizaron ciertas actitudes y marcos comprensivos. Sin embargo, no resulta posible hablar de neoliberalismo sin tener en cuenta la referencia al proyecto iniciado por académicos como Ludwig von Mises, políticos como Luigi Eiunadi o referentes culturales como Walter Lippman y del que hoy participan académicos como Anne Krueger, líderes políticos como Sebastián Piñeyra y figuras culturales como Mario Vargas Llosa.

¿En qué consistió el neoliberalismo de Cambiemos?

Más allá de la retórica liberal-republicana que movilizó a Cambiemos –e independientemente de medidas puntuales que resaltan, justamente, por desentonar con el espíritu general de la administración– ,el gobierno de Macri fue más neoliberal que liberal. Esta aclaración, ya a cuatro años de su elección, puede resultar innecesaria. Sin embargo, no lo es. Todavía hay diversos sectores que confunden las categorías, pero además hay quienes aseguran que la característica fundamental del gobierno de Cambiemos fue el seguimiento de postulados propios del liberalismo.

Lo cierto es que el neoliberalismo se expresó en el aumento de la desigualdad social y económica (según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos) y en la búsqueda de despolitizar ese proceso de desigualación. La despolitización de ese proceso se evidenció en la negación de cualquier tipo de debate sobre el rumbo económico y en la asunción de la existencia de un único camino posible. La posibilidad de discutir el marco económico quedó cancelada, además, después de amarrar las políticas economómicas a los requerimientos del Fondo Monetario Internacional.

El modo «cambiemita» de mercantilizar espacios, sujetos y recursos y de defender una idea de libertad en la que el sujeto es un individuo proactivo, que tiene que recorrer su propio camino «en el goce de la incertidumbre» hacia la felicidad (o, agreguemos, hacia la penuria de la que también será responsable), es una adaptación propia del neoliberalismo. El discurso «emprendedorista» entronca, entonces, con esa tradición.

Resulta evidente que el neoliberalismo argentino no nació con el marcismo. Pero tampoco «regresó» con él. Su origen se remonta a mediados de la década de 1970, pero estuvo vigente, aunque de modo morigerado, incluso durante los gobiernos del kirchnerismo. Entre 2003 y 2015 se buscó incluir por la vía del consumismo, se procuró una politización poco pluralista y se impulsó una concepción de lo público con bajo nivel de institucionalidad, características que no ayudaron a desplegar el posneoliberalismo que se impulsaba desde el discurso. Sin embargo, el gobierno de Macri y de Cambiemos no fue apenas un paso más en la marcha neoliberal, sino, como apunta Paula Canelo, un salto cualitativo en la profundización del modelo. Este salto implicó considerar las lecciones aprendidas en el estallido de 2001 y la necesidad de abandonar el recetario del Consenso de Washington para emprender una auténtica reingeniería del Estado y de la sociedad toda, que combinó planes sociales de supervivencia con securitización de los problemas públicos. Fue en buena medida para financiar ese proceso que se endeudó el país, que hoy está nuevamente en default y en medio de una crisis de la que será difícil emerger, máxime cuando las experiencias del neoliberalismo argentino muestran la recurrencia del paralelismo entre endeudamiento y fuga de capitales. Este último aspecto (el emparejamiento deuda/fuga) ya ha demostrado su poder condicionante más allá de la orientación de los gobernantes de turno, lo que torna más clara la idea de que Cambiemos no fue un episodio pasajero, sino un hito importante en el desarrollo del neoliberalismo.

Hoy, como sucedió en 1981 al terminar el ciclo del ministro de la dictadura José Alfredo Martínez de Hoz y en 2002 al finalizar la convertibilidad entre el peso y el dólar, los neoliberales vuelven a insistir en que la crisis que atraviesa Argentina se debe a que no se fue lo suficientemente a fondo y con la rapidez necesaria en las reformas. Para los neoliberales fuera del gobierno (que insisten en que el neoliberalismo no existe), Macri fue demasiado gradualista y practicó un «kirchnerismo de buenos modales». Para quienes estuvieron en la administración cambiemita, el problema fue que la ciudadanía no supo entender el mensaje. Así, como reconocía Milton Friedman (quien sí dijo ser neoliberal), cuando se está tan convencido de tener razón, si las hipótesis no se verifican, la explicación es que que no se supo, quiso o pudo implementar el plan del modo adecuado.

En todo caso, es claro que cuando los neoliberales argentinos critican a Cambiemos no se refieren a cómo el gobierno de Macri dañó el ya maltrecho tejido social, sino a la ausencia de reformas estructurales y a un supuesto keynesianismo que, tal como sostuvo reiteradamente el viejo adalid argentino del neoliberalismo Álvaro Alsogaray, sería la punta de lanza de lo que ellos entienden como totalitarismo socialista.

Tareas de la izquierda y de los liberales no derechistas

Desde 2015, no solo aumentaron la pobreza y la desigualdad sino también la inflación, la deuda pública y la precarización laboral, resultados que se agravaron después de las elecciones primarias obligatorias de agosto de 2019, en las cuales triunfó con holgura el peronismo del Frente de Todos liderado por Alberto Fernández. La experiencia de Cambiemos deja entonces una «pesada herencia», aunque esto no debería sorprender: si bien un país democrático, plural e inclusivo quizás sea un logro difícil en el capitalismo periférico, parece imposible sin salir del ciclo neoliberal. Procurar activamente la igualdad, aceptar el debate político abierto, apuntalar a actores independientes y disímiles, robustecer formas no mercantiles de politizar el acceso a nuestros bienes y espacios: quizá este sea el modo de empezar a lograrlo. En esta tarea, no solo tendrían lugar las fuerzas de la izquierda sino también los liberales no identificados con la concepción derechista propia del neoliberalismo.



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