Coyuntura
NUSO Nº 293 / Mayo - Junio 2021

El voto nulo y el triunfo de la derecha en Ecuador

El llamado del Movimiento Pachakutik, tercero en la primera vuelta de febrero pasado, al «voto nulo ideológico» constituyó un duro golpe para la candidatura de Andrés Arauz, del partido del ex-presidente Rafael Correa. Arauz, más que perder contra Guillermo Lasso, perdió contra el voto nulo. Quien derrotó al progresismo no fue tanto la derecha sino, posiblemente, una izquierda que prefiere una opción diferente del correísmo en Ecuador.

El voto nulo y el triunfo de la derecha en Ecuador

El 11 de abril de 2021, Guillermo Lasso fue elegido presidente de Ecuador. Su victoria era ciertamente posible, pero no tan probable dadas las condiciones de su participación en la contienda. En la primera vuelta de los comicios presidenciales, Lasso había terminado 13 puntos porcentuales por debajo del ganador, Andrés Arauz, candidato del progresismo nominado para representar a la Revolución Ciudadana de Rafael Correa. Además, Lasso logró asegurar el segundo lugar y pasar al balotaje con una diferencia mínima de apenas 0,3% (equivalente a 32.000 votos de un total de casi 9,3 millones de electores) por encima de Yaku Pérez, candidato del Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik, partido político de izquierda y brazo electoral del movimiento indígena ecuatoriano.

En otras palabras, Lasso remontó una diferencia considerable, en un contexto en el que todo apuntaba a que buena parte de los votos de inclinación progresista recibidos en primera vuelta por el candidato de Pachakutik se dirigieran a apoyar la opción progresista representada por Andrés Arauz. Después de todo, Lasso encarnaba una opción de orientación muy conservadora en lo social y favorable a las políticas de liberalización de los mercados en lo económico. ¿Cómo fue posible, entonces, la victoria de un banquero cercano a la facción Opus Dei de la Iglesia católica y de retórica neoliberal?

En este artículo no abordamos el contexto más amplio de economía política en el que se insertan estas elecciones. El objetivo es más austero: presentamos una lectura estructural de las tendencias de opinión pública y de la mecánica electoral que hizo posible la elección de Lasso como el nuevo presidente de Ecuador.

La primera vuelta electoral y los límites del correísmo

Hasta la primera vuelta, Arauz proponía el regreso a un pasado al que ni algunos correístas querían volver. Su propuesta consistía, en resumen, en recuperar el rumbo del gobierno de Correa que Lenín Moreno abandonó desde 2017. El mensaje era claro: Arauz no proponía un cambio y nada era (necesariamente) nuevo; el punto era volver a lo que había y a lo que fue desmantelado en los últimos tres años por la «traición» de Moreno. El problema de una campaña centrada en ese mensaje era que, al final de la administración de Correa, hasta los electores correístas estaban inconformes con el estado de la economía.

Tal como resalta un reciente informe del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (celag) –citando, a su vez, un informe de la Secretaría Nacional de Planificación para el Desarrollo1–, varios indicadores socioeconómicos mejoraron en verdad de manera considerable en el periodo 2005-2016. (La discusión de cuánto de eso es efecto causal identificable de las políticas de la Revolución Ciudadana y cuánto de las determinantes externas que favorecieron a toda la región, independientemente de quién estuvo al mando y cuáles fueron los mecanismos, queda para otro día). El punto es que varios indicadores vieron una mejora muy notable en la década correísta. 

Pero, como se sabe bien, la evaluación de los individuos de la economía, lejos de ser una valoración «objetiva», guarda casi siempre relación con la simpatía que tienen por el gobierno. Esto es precisamente lo que se observa al ver datos de opinión pública en Ecuador entre 2008-2019, usando como instrumento el Barómetro de las Américas2.

A lo largo de todo este periodo, conforme a la expectativa, los correístas habían tenido siempre opiniones más favorables sobre la economía que los anticorreístas. Pero la dirección de la tendencia cambió alrededor de 2014-2016. A partir de ese momento, cuando los encuestados respondían retrospectivamente acerca de sus percepciones del año anterior, los correístas también empezaron a manifestar que la situación estaba peor que antes, y su valoración comenzó a coincidir con la de sus contrincantes.

El mismo cambio de dirección se observa en la tendencia de la percepción de correístas y anticorreístas sobre la economía personal y sobre la situación económica de su familia. Es decir, a pesar de la mejora real de varios indicadores sociales (comparados con aquellos del periodo anterior a Correa, en la medida de lo que los indicadores oficiales permiten ver), en los años finales del gobierno de Correa –cuando el precio de petróleo era comparativamente más bajo, hubo reducciones en el empleo en el sector público y algunos recortes en algunas áreas del presupuesto–, la percepción ciudadana era que las cosas estaban peor que antes. Por lo tanto, Arauz estaba en el dilema de abanderar la promesa de volver al pasado cuando parte de su potencial electorado estaba disconforme con su situación material en aquel pasado reciente.

Por otro lado, varios de los potenciales electores correístas estaban también dispuestos a dar su voto a una alternativa que representara un cambio en la retórica de confrontación contra los líderes sociales y las fuerzas de izquierda críticas del gobierno de Correa. El estallido de protesta social del mes de octubre de 2019 fue liderado por el movimiento indígena ecuatoriano y se produjo en rechazo a la eliminación del subsidio a los combustibles como causa inmediata, pero abarcó un cuestionamiento más amplio al modelo económico implementado por el gobierno de Moreno y una demanda de mayor justicia social y equidad. A pesar de la compleja correlación de fuerzas dentro del movimiento indígena, Yaku Pérez se erigió en el candidato de Pachakutik y abanderó un discurso difuso que combinaba ambientalismo, justicia social y rechazo al neoliberalismo. La presencia de Pérez en la papeleta dio lugar a un retroceso electoral significativo del correísmo en varios territorios claves: Quito, la capital del país; Azuay, provincia del sur de Ecuador donde Pérez había sido elegido prefecto en 2019 liderando una propuesta ambientalista antiminería; y todas las provincias de la Sierra centro, donde vive la mayor parte de la población indígena del país.


Lejos de ganar en una sola vuelta, como vaticinaban las visiones más optimistas, Arauz obtuvo siete puntos menos que Moreno en la primera vuelta de 2017 (32,7% frente a 39,4% de los votos válidos). A su vez, Moreno, candidato ungido en 2017 por Correa, había obtenido en su elección 18 puntos menos que el récord establecido por el propio Correa en 2013, cuando venció en una sola vuelta con un abrumador 57%. En resumen, la primera vuelta de 2021 mostró la peor participación electoral del correísmo en una década.

El largo interludio entre la primera y la segunda vueltas

Con casi 33% de la votación en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, Arauz estaba en una clara ventaja con respecto a Lasso para la segunda vuelta. El candidato conservador alcanzó un módico 19,7% de los votos válidos el 7 de febrero. Yaku Pérez había quedado en tercer lugar, fuera del balotaje, con 19,4% de los votos válidos. La pregunta clave era si esos 13 puntos de diferencia entre Arauz y Lasso eran remontables o si, al contrario, solo quedaba esperar una victoria del candidato de Correa.

La ventaja de Arauz era bastante visible, dada la geografía electoral de Ecuador. Cinco provincias (de 24) concentran a más de 60% de los electores, y siete, a más de 70%. Cuatro de estas primeras siete provincias están en la Costa y son territorios donde el correísmo siempre ha obtenido apoyo electoral mayoritario. En la primera vuelta de 2021, Arauz alcanzó una votación considerable –37% en El Oro, su menor porcentaje, y 52% en Manabí, el mejor desempeño provincial del candidato correísta–. En todas estas provincias, la distancia de Arauz con respecto al candidato que quedó segundo en cada una de ellas fue de, en promedio, 25 puntos porcentuales. Lasso, por su parte, tuvo su mejor rendimiento en Guayas (25% o 564.000 votos) y Pichincha (26% o 437.000 votos). Guayas, la provincia que incluye a Guayaquil, fue la única provincia costera donde Lasso obtuvo un porcentaje considerable. Pichincha, en la Sierra, que incluye a Quito, la capital nacional, fue la única provincia donde Lasso alcanzó el primer lugar. Finalmente, la quinta parte de los votos de Pérez salieron de Quito y de la provincia de Azuay, en la Sierra sur. En términos porcentuales, su mejor rendimiento fue en Azuay, la Sierra centro y el sur de la Amazonía, en proporciones por encima de 40%-50% (mermando el apoyo que en las elecciones de 2017 Lasso y Moreno habían alcanzado en la región amazónica). La cuestión es que en la Sierra centro y, en especial, en la Amazonía, simplemente hay menos electores.

En campaña rumbo a la segunda vuelta, con un debate presidencial de por medio, Arauz cambió de discurso. Si bien el auspicio de Correa lo había ayudado a captar el apoyo de los electores convencidos de la Revolución Ciudadana, en la nueva fase era necesario marcar distancia respecto a los peores excesos de la retórica correísta. Era preciso mostrar un rostro más tolerante hacia aquellas demandas sociales que no tuvieron cabida ni éxito en los diez años de gobierno. Muchas de ellas eran demandas que precisamente formaban parte de la propuesta de Yaku Pérez. Así, Arauz hizo varias declaraciones públicas en relación con su postura frente al ambiente, a la educación, a los derechos sexuales y reproductivos, etc., que iban en dirección opuesta a lo sostenido durante años por el líder de su movimiento: se mostró abierto a discutir la despenalización del aborto, dispuesto a fortalecer la educación intercultural bilingüe, inclinado a poner freno al extractivismo minero y petrolero que amenaza el medio ambiente. Todas estas tácticas de campaña se debían interpretar en función de los votos que Arauz tenía en disputa rumbo al balotaje –la mayoría de los votos que debía asegurar estaban, precisamente, en Quito, la capital, y en Azuay, quinta provincia con mayor número de electores, que se había volcado abrumadoramente por Pérez en la primera vuelta–. Las otras tres de las cinco provincias que concentran más de 60% de los votos –Guayas, Manabí y Los Ríos– eran territorios donde el apoyo mayoritario correísta se había mantenido, de manera consistente con la tendencia de la última década.

Los electores de Yaku Pérez en Quito y Cuenca –ciudad principal de la provincia de Azuay– son similares: electores urbanos con buena parte de sus necesidades materiales satisfechas, de inclinación progresista en temas de género y ambiente, y favorables a la inversión en política social. Son diferentes de los electores rurales de Pérez en la Sierra centro, por ejemplo, cuyas necesidades materiales son distintas (riego, tierra, crédito agrícola, salud, educación) y no están del todo satisfechas. Dentro de la misma provincia de Azuay, por ejemplo, y del arrasador 42% de Pachakutik, el peor desempeño fue en Cuenca (39%), mientras que en el resto de los cantones, muchos de ellos más rurales, sus porcentajes estaban por encima de 50%-60%. Por simple peso numérico, Arauz tenía la prioridad de convencer a los votantes de Pérez en Quito (222.000 votos) y Cuenca (121.000 votos). En su giro discursivo, les hablaba a ellos.

Aquí es necesaria la siguiente hipótesis interpretativa. El «clivaje» más importante para la mayoría de los electores que votaron por Yaku Pérez en primera vuelta era el de «derecha/izquierda». No nos referimos a un macroclivaje societal que organiza toda la política o la visión del mundo en estos dos ejes. Al contrario, la definición es más «austera»: simplemente nos referimos al mecanismo heurístico que ayudaba a simplificar la decisión de los votantes en sentido político y cognitivo. Pero para otros electores, el «clivaje» más importante era «correísmo/anticorreísmo»; por ejemplo, para quienes votaron por Xavier Hervas, candidato de Izquierda Democrática (id) que quedó de manera sorpresiva en cuarto lugar en la primera vuelta, con 15% del total de votos válidos3. La etiqueta «correísta» (o «anticorreísta») precisamente era una abreviación útil que no estaba del todo definida, pero que capturaba aquello que esos electores podían identificar y frente a lo cual podían tomar posición. La hipótesis que planteábamos con respecto a estos electores, por ejemplo, era que la mayoría de ellos iba a ubicarse en el lado anticorreísta de la división y a votar en su mayoría por Lasso en segunda vuelta. Un análisis postelectoral muestra que eso fue lo que efectivamente ocurrió4.

Volviendo a los electores de Yaku Pérez, decíamos que el clivaje más importante que simplificaba la decisión para ellos era el de «izquierda/derecha». Como consecuencia, al enfrentar la elección entre el correísmo y un banquero conservador de derecha, la expectativa razonable era que la mayoría de los electores que antes habían dado su voto a Yaku Pérez hicieran de tripas corazón en segunda vuelta y eligieran a Arauz. Dicho de forma más apropiada, las opciones más viables para ellos eran anular el voto (precisamente lo que impulsaba Pachakutik en señal de rechazo al sistema electoral en su conjunto) o votar por Arauz, sin olvidar las tensiones entre el correísmo y el resto de la izquierda. Así las cosas, era sensato pensar que los votos que fueron a Hervas irían, en mayoría, a Lasso. Y era razonable asumir que la mayoría de los votos que fueron a Yaku Pérez se dividirían entre Arauz y el voto nulo, y solo algunos irían a Lasso. En este escenario específico, cada voto nulo de un elector que antes votó por Pérez era, en la tendencia general, un voto menos para Arauz, y por ello el beneficiario era Lasso en el cálculo del resultado oficial según el sistema electoral ecuatoriano.

La segunda vuelta y el masivo voto nulo

En el sistema electoral ecuatoriano, los votos nulos y blancos no forman parte del total de «votos válidos» que se usa para calcular el resultado oficial de las elecciones. Los votos nulos son las papeletas marcadas intencionalmente para ser invalidadas. Los votos blancos son las papeletas intencionalmente depositadas en las urnas sin marcar ninguna de las opciones. Los votos válidos son la suma de los votos recibidos por todos los candidatos en la contienda. En esa suma no entran los votos blancos ni los nulos, y el total de votos válidos es el denominador que se utiliza para calcular el porcentaje de resultado final para cada candidato.

Por ejemplo, el 32,7% alcanzado por Arauz en la primera vuelta se obtiene dividiendo el total de votos obtenidos por él (3.033.791 votos) por el número total de votos recibidos por todos los 16 candidatos que participaron en la primera vuelta (9.272.034 votos válidos). Los votos nulos y blancos no entran en ese cálculo y, por constatación matemática, a mayor número de votos nulos y blancos, menor número total de votos válidos, y mayor es el porcentaje de resultado oficial que se calcula para cada candidato. La particularidad de esta forma de calcular el resultado oficial es que, en un contexto específico de segunda vuelta, en donde los votos nulos perjudican selectivamente a un candidato, el favorecido es el otro candidato: no porque recibe más votos, sino porque resulta beneficiado del cálculo.

¿Qué fue lo que efectivamente ocurrió?

Lo más inesperado de los resultados de las elecciones del domingo 11 de abril, entonces, fue el altísimo porcentaje alcanzado por quienes votaron nulo. En la segunda vuelta, el nulo alcanzó 16%, más de seis puntos por encima de lo alcanzado en primera vuelta. El récord histórico reciente era de 12%, en la primera vuelta de 2006. Este año, el nulo simplemente superó toda expectativa. Una de cada seis personas que acudieron a las urnas en la segunda vuelta electoral depositó un voto nulo.


En gran parte, el masivo voto nulo se debió a la campaña de Pérez y Pachakutik, que promovieron el «voto nulo ideológico» en señal de rechazo al sistema electoral y al supuesto fraude contra su candidatura en la primera vuelta. Los votos nulos salieron mayoritariamente de las provincias donde Pérez alcanzó mayor votación5, y un análisis cuantitativo postelectoral confirma que alrededor de 60% de los votos de Pérez en primera vuelta se convirtieron en nulos en segunda6.

Para comprender este resultado, es necesario volver al marco interpretativo. La expectativa razonable era suponer que los votos que fueron a Pérez en la primera vuelta se repartirían, en mayoría, entre Arauz y el voto nulo en segunda vuelta. Decir eso no equivale a decir que nadie que hubiera votado por Pérez iba a votar por Lasso: el modelo conceptual admitía que una buena cantidad de votantes de Pérez votarían por Lasso.

Era bastante probable, por ejemplo, que los electores de Pérez de la Sierra centro se inclinaran más por Lasso y por el nulo que por Arauz. Esa es, de hecho, la inercia de aquellos territorios en la última década. Llama la atención que en la comparación 2013-2017, es decir, entre la primera y la segunda participación de Lasso como candidato presidencial, donde más creció su apoyo fue precisamente en esos territorios indígenas. En 2021, Lasso retrocedió en todas esas provincias, pero no porque el correísmo recuperara terreno, sino porque Pérez fue una alternativa electoral. En ausencia de Pérez en la papeleta para el balotaje, ¿a dónde iba a ir buena parte de esos votos? El modelo conceptual admitía que fueran a Lasso. Pero –subrayamos– la tendencia general asumida era que los votos fueran a Arauz o al nulo, dado lo que sabemos sobre la composición interna de los votos de Pérez en primera vuelta (más de la quinta parte de ellos salieron de Quito y la provincia de Azuay), y, sobre todo, dadas las intuiciones informadas que teníamos al respecto. Azuay, tradicionalmente un bastión del correísmo y donde Pérez tuvo su mejor rendimiento electoral en la primera vuelta de 2021, ayuda a ilustrar el argumento con más claridad. Arauz obtuvo 21% en primera vuelta, 23 puntos menos que lo alcanzado por Moreno en 2017. Las razones son obvias: en Azuay, Pérez obtuvo 42% (Hervas, por cierto, alcanzó 15%), y Lasso logró 14% (menos de la mitad del 32% que alcanzó en 2017 en la misma provincia). En otras palabras, los votos del bastión fuerte del correísmo en la Sierra sur se le escaparon a Arauz en dirección a Pérez. En ausencia de Pérez en segunda vuelta, ¿no era acaso razonable suponer que la mayoría de la partición de esos votos de Pérez –subrayamos «mayoría»– «volverían» a la inercia correísta o se convertirían en nulos, tal como promovía el candidato de Pachakutik? Lo que no era razonable, dada la trayectoria correísta de Azuay y el resto de las intuiciones informadas, era suponer que en ausencia de Pérez, la mayoría de esos votos irían a Lasso. He ahí la explicación intuitiva de la noción de «tendencia general» o «expectativa razonable».

En la segunda vuelta, Lasso obtuvo en Azuay 187.000 votos. Cabe la discusión de si eso es exactamente lo que «tenía» que sacar o no (y varios pronósticos sugerían que sí). Arauz, en cambio, alcanzó 146.000 votos y hubo 151.000 votos nulos. El voto nulo, en Azuay, bastión correísta que en 2021 se volcó hacia Pérez rompiendo con la tendencia histórica, alcanzó en segunda vuelta mayor votación que el candidato correísta.

La versión de que «Azuay, provincia históricamente correísta, se viró hacia Lasso» no es suficientemente precisa. Lasso sacó lo que tenía que sacar; el voto nulo superó la votación del candidato correísta; el voto nulo (adicional al que ya existía desde la primera vuelta) surgió en su mayoría de los electores que en primera vuelta votaron por Pérez; y esos votos que no recibió Arauz constituyen en este contexto un «déficit» que le hizo perder la provincia.

Cada voto que en primera vuelta fue a Pérez y se convirtió en nulo en segunda vuelta «ayudaba» a Lasso porque lo acercaba a Arauz, que estaba primero, por la forma en que se calcula el porcentaje sobre el total de votos válidos. Lo que efectivamente ocurrió fue que el voto nulo fue masivo y –otra vez en el modelo conceptual–, dado que la mayoría de los votos nulos salieron de la votación de Pérez y fueron votos que no recibió Arauz, esos nulos no solo ayudaron a subir el porcentaje sobre votos válidos de Lasso, sino que, literalmente, lo ayudaron a ganar.

¿Qué tan grande fue el efecto de este aumento dramático del número de votos nulos? Muy grande.

En cinco provincias Arauz sacó menor votación que el voto nulo. De ellas, Azuay y Tungurahua son la quinta y séptima provincias con mayor número de electores, mientras que Cotopaxi y Chimborazo tienen un número de electores considerable.

Hay otra forma de proponer este argumento: más que perder contra Lasso, Arauz perdió contra el voto nulo. ¿Quién habría ganado si el nulo hubiera sido de 10%-11% en lugar de 16,2%, tal como ocurrió? O más apropiadamente para ilustrar el mismo punto, ¿quién habría ganado si solo el 10%-15% de los votos de Yaku Pérez se hubieran convertido en votos nulos? En el extremo, ¿quién habría ganado si ninguno de los votos de Pérez se hubiera convertido en nulo? La respuesta: Arauz.

Es por efecto del masivo voto nulo que Arauz, habiendo tenido una ventaja considerable de 13 puntos porcentuales por encima de Lasso, crece muy modestamente en el porcentaje de votos válidos en todas las provincias entre la primera y la segunda vuelta. Lasso, por su parte, obtiene ligeramente más votos de los esperados (es decir, asumiendo varios supuestos razonables con respecto a los votos de los demás candidatos), pero crece considerablemente en el porcentaje de votos válidos en todas las provincias entre primera y segunda vuelta de las elecciones presidenciales.

Un comentario para terminar. Lo dicho aquí no desconoce el mérito o la efectividad de la campaña de Lasso en las semanas previas a las elecciones, los desaciertos de la campaña de Arauz, o cualquiera de la interminable lista de factores que contribuyeron al resultado final. Al contrario, lo único que hacemos es señalar cuál es, quizás, la razón mecánica más inmediata en el sentido causal que explica la victoria de Lasso, dados los resultados que observamos.

Por otra parte, cualquier lectura de economía política o de otro tipo que adjudique la derrota del candidato del progresismo a la tendencia hacia la derechización del contexto regional sudamericano, la destrucción de la noción de lo público en Ecuador por la ausencia de gobierno durante la administración de Moreno, la confabulación de los conglomerados mediáticos para favorecer al candidato de la derecha, las artimañas de los jefes de campaña durante la temporada electoral, etc., seguramente tiene mucho mérito explicativo. Sin embargo, las mismas lecturas habrían sido válidas si Arauz hubiera ganado, y la única razón por la que no ganó fue por la causa inmediata y mecánica de la influencia del masivo voto nulo sobre los resultados electorales. Por eso, la interpretación a través del modelo conceptual propuesto en este artículo es, quizás, la explicación más relevante de la victoria del uno y la derrota del otro. Cabe destacar la paradoja de que, pese al triunfo presidencial de la derecha, la Asamblea Nacional entrante está conformada por grandes minorías de izquierda y centroizquierda. De un total de 137 curules, las primeras tres minorías son la Alianza Unión por la Esperanza, el movimiento que auspició la candidatura de Arauz, con 47 legisladores propios; el bloque de Pachakutik, con 22, y la id, con 18. La derecha tradicional, representada por el Partido Social Cristiano, apenas alcanzó 14 curules propias, y Creando Oportunidades (creo), el movimiento del presidente Lasso, consiguió apenas nueve (a las que en casi todos los casos se suman algunas con alianzas).En vísperas de la segunda vuelta del 11 de abril, Arauz tenía mayor probabilidad de ganar que Lasso. Una victoria de Lasso era posible pero menos probable. La utilidad de un modelo conceptual es que, precisamente, especifica con claridad las condiciones que debían cumplirse para que Lasso resultara elegido presidente. Lasso tenía menos caminos para convertirse en presidente que Arauz, pero un elevado nivel de voto nulo era definitivamente uno de ellos.

Lasso tuvo un rendimiento electoral superior a lo esperado pero, sin el elevado nivel de voto nulo, los miles de votos adicionales que logró conseguir simplemente no habrían sido suficientes para ganar. El nivel de voto nulo no solo favoreció a Lasso sino que, literalmente, lo ayudó a imponerse, y Arauz, más que perder contra Lasso, perdió contra el voto nulo. Lo que derrotó al progresismo no fue tanto la derecha sino, posiblemente, una izquierda que se inclina por el progresismo, pero que prefiere una opción diferente al correísmo en Ecuador.

  • 1.

    CELAG: «La revolución ciudadana en 200 cifras», 12/2020, disponible en http://www.celag.org/wp-content/">www.celag.org/wp-content/uploads/2020/12/la-revolucion-ciudadana-en-200-cifras-v4.pdf

  • 2.

    V. detalles metodológicos de este análisis en J. Rodríguez Sandoval: «¿De qué polarización hablamos?» en Vozz, 17/7/2020, https://thevozz.com/de-que-polarizacion-hablamos">https://thevozz.com/de-que-pol...

  • 3.

    ID es el partido socialdemócrata tradicional de Ecuador. Fundado en 1978, tuvo gran protagonismo en el escenario político partidista ecuatoriano hasta el surgimiento de Alianza País de Rafael Correa en 2005. Después de algunos fracasos electorales en los que no pudo alcanzar el mínimo de la votación requerida para existir como representación electoral vigente, desapareció oficialmente en 2013. Fue reinscrito en el Consejo Nacional Electoral en 2016 y volvió a postular candidatos con un rendimiento electoral modesto. La participación exitosa de Hervas en las elecciones presidenciales de 2021 reubica a la ID en el centro de la política nacional después de varios años de ausencia.

  • 4.

    Ricardo Viteri: «El triunfo de Lasso: de dónde vinieron sus votos en la segunda vuelta» en GK, 15/4/2021, disponible en https://gk.city/2021/04/15/votos-segunda-vuelta-ecuador-transferencia-yaku-hervas">https://gk.city/2021/04/15/vot...

  • 5.

    Jorge Galindo: «Yaku Pérez y los casi dos millones de votos nulos en las elecciones ecuatorianas» en El País, 12/4/2021.

  • 6.

    R. Viteri: ob. cit.

Este artículo es copia fiel del publicado en la revista Nueva Sociedad 293, Mayo - Junio 2021, ISSN: 0251-3552


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