Tema central

«¿No pensaste en hacer yoga?»
Espiritualidad en tiempos de búsqueda de plenitud


Nueva Sociedad 317 / Mayo - Junio 2025

Cuando relatamos una dificultad personal, es común que nuestro interlocutor sugiera: «Deberías intentar el yoga». El yoga es una suerte de tabla de salvación para quienes se sienten agobiados por la exigencia y la autoexigencia actuales. Surgida en la India hace varios miles de años, en los círculos ascéticos, esta disciplina parece satisfacer de un modo asombrosamente conveniente las ambiciones contemporáneas de plenitud y autorrealización.

«¿No pensaste en hacer yoga?»  Espiritualidad en tiempos de búsqueda de plenitud

Estos movimientos religiosos arraigados en el hinduismo tienen hoy un público restringido, pero se inscriben en una democratización inédita de los saberes asiáticos como la meditación, las artes marciales o el yoga. En un sentido más amplio, se difunde todo un abanico de prácticas que alimentan la sociedad de consumo: de la cocina macrobiótica al cd-rom de feng shui para «armonizar» el hogar, de la iconografía religiosa hindú estampada en las prendas de vestir a los productos cosméticos inspirados en el ayurveda, el «Instant Karma!» interpretado por John Lennon parece haber engendrado el Karma Cola, por retomar el título del ensayo de Gita Mehta (…), que ya anunciaba la comercialización de Oriente.
Véronique Altglas, «L’âge des guru»
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Los gurúes indios que contribuyen a popularizar el yoga y la meditación en las décadas de 1960 y 1970 continúan la obra de Swami Vivekânanda y de sus contemporáneos mediante la enseñanza de un yoga compatible con los valores de la modernidad, esto es, parafraseando al sociólogo Lionel Obadia acerca del budismo, una forma de «religiosidad pacífica, sin carácter proselitista, al no tener ni dios ni iglesia, pero también racional y centrada en el individuo»2. Estos reformulan sus enseñanzas para cumplir con las expectativas de su público occidental. Estas dinámicas de reformulación y de adaptación no son nuevas: son los cimientos del denominado «yoga moderno» y de las dinámicas de transferencia cultural que han caracterizado su circulación desde el siglo xix. No obstante, la concepción del yoga como un conjunto de recursos que pueden movilizarse y personalizarse en función de las expectativas individuales y la formulación activa de sistemas de yoga basados en las necesidades de los individuos toman una dimensión particular con el advenimiento de la sociedad de consumo. En este contexto, según el análisis de Andrea R. Jain en su libro Selling Yoga [Vender yoga]3, algunos «gurúes-empresarios» desarrollan lógicas de diferenciación de sus sistemas de yoga con el fin de atraer adeptos-consumidores dentro del amplio y ahora competitivo mercado de la espiritualidad «a la carta»4. Proveedores de una espiritualidad individualizada que debe integrarse lo más fácilmente posible a la vida diaria de los adeptos, ya sin exigirles renuncia, celibato o estudio de textos indios, los godmen que describe Jain diseñan sistemas de yoga perfectamente compatibles con los demás aspectos de la vida del practicante y que proponen a los adeptos lógicas de adhesión flexibles que no requieren conversión ni compromiso5. Un ejemplo contemporáneo emblemático de la adaptación del yoga a una lógica consumista es la elaboración, que hoy parece evidente, de cursos destinados a satisfacer necesidades específicas: yoga para la espalda, para el sueño, para los hombres, yoga femenino, prenatal, facial, para una sexualidad más plena... Testigos de una racionalización y de una tecnificación de las sendas del yoga, estos cursos son sintomáticos de una concepción de esta disciplina que busca ante todo cumplir con las expectativas del practicante-consumidor, contrariamente al abordaje religioso o espiritual, que exige adherir a doctrinas y seguir ciertas prescripciones. 

El yoga, exportado primero como un «método científico para trascender problemas y sufrimientos»6, luego se vuelve popular en cuanto «estilo de vida», es decir, como un sinnúmero de técnicas y recursos fragmentados que pueden utilizarse en función de los desafíos diarios de cada persona. Esta redefinición del yoga como «estilo de vida» conducirá a que se lo asocie con otros bienes de consumo heterogéneos relacionados con el ámbito del bienestar y de la espiritualidad. 

Una vez que el yoga es absorbido por la sociedad de consumo, numerosas críticas formuladas respecto de su evolución se basan, de forma explícita o implícita, en una dicotomía que busca oponer un yoga «ancestral», supuestamente espiritual, intacto y auténtico, a un yoga contemporáneo convertido en mercancía, supuestamente corrompido y desviado al ser solamente físico y postural. Un yoga de «rendimiento y negocios», que sería lo opuesto a un yoga «espiritual y auténtico». La existencia de un «yoga auténtico» se enmarca en una visión orientalista e idealizada de una India ahistórica. Asimismo, si bien la mercantilización del yoga y la centralidad otorgada a su dimensión postural generan, por supuesto, numerosas preguntas y críticas legítimas, resulta, sin embargo, demasiado simplista concluir que el yoga postural moderno está despojado de toda dimensión espiritual. Por el contrario, sigue presentando una «coexistencia de atributos sagrados y profanos»7 y, en nuestra opinión, numerosas concepciones filosófico-espirituales desarrolladas dentro del yoga postural moderno también contribuyen a su éxito actual, por sus consonancias con la ideología neoliberal, como lo veremos más adelante. Aunque hoy se transmita principalmente bajo su forma postural, el yoga sigue siendo considerado, tanto por sus adeptos como en sus representaciones populares, como una disciplina corporal que va más allá del simple ejercicio físico. Una mayoría de los practicantes valoran especialmente el aspecto transformador de la disciplina, desde una perspectiva tanto física como psíquica, incluso espiritual. La encuesta llevada adelante por el Sindicato Nacional de Profesores de Yoga (snpy) de Francia en 2021 indica, en ese sentido, que el yoga es mayormente concebido por los practicantes franceses como una forma de meditación, como una práctica para aliviar el estrés y como una disciplina de bienestar8. Las principales motivaciones que estos señalan son la búsqueda de bienestar, pero también la de autoconocimiento e interioridad, legada por la reformulación psicologizante que experimentó el yoga en la década de 1960. Numerosas fórmulas intentaron dar cuenta del lugar particular que ocupa el yoga postural moderno en nuestras sociedades contemporáneas, en el límite entre ejercicio físico, plenitud psíquica y búsqueda espiritual: «Búsqueda de una sabiduría encarnada», según Ysé Tardan-Masquelier; «ritual de sanación de una religión secular»9, según Elizabeth de Michelis; «cuerpo de prácticas religiosas», según Jain10. Si bien los objetivos del yoga contemporáneo, como la forma física, la salud o incluso el bienestar, parecen revelar inquietudes utilitarias, constituyen, en realidad, en nuestras sociedades secularizadas, nuevas búsquedas de salvación, en la medida en que persiguen nuevas respuestas a los interrogantes más religiosos o existenciales por el consuelo ante el sufrimiento humano. Para decirlo de otro modo, a través de la «psicologización de lo religioso» y la «sacralización de la psique»11 que operan en nuestras sociedades seculares, algunos enfoques considerados terapéuticos, a semejanza del yoga, serán percibidos como un medio para acceder a una mejor existencia terrenal, al basarse en lógicas similares a las de los enfoques religiosos. Así, Jain señala, por ejemplo, la dimensión fuertemente ascética que opera en la actual sociedad de consumo, variante contemporánea del espíritu del capitalismo que describe Max Weber12, en la que la búsqueda de la confirmación de la salvación divina es remplazada por la búsqueda de la salvación en esta misma vida. Se trata así de una dimensión ascética especialmente impulsada por el yoga postural moderno. Como desarrolla la autora:

Ya sea que se mire televisión en Copenhague o en Nueva York, Mumbai o Ámsterdam, la mayoría de las publicidades están dirigidas a consumidores considerados deficientes o desafortunados por tener sobrepeso, por carecer de atractivo sexual o por su adicción a comportamientos o alimentos poco saludables. El desarrollo personal, con el objetivo inalcanzable pero omnipresente de la autorrealización y de la perfección, es el fin último. El perfeccionamiento de sí exige una rigurosa disciplina frente al deseo, ya que los deseos conllevan el riesgo de hábitos destructivos y perjudiciales para la salud. El consumidor busca entonces dominar aquellos deseos insalubres, en un intento por cultivar una mejor versión de sí mismo y por vivir una vida mejor. (...) El yoga postural se convierte en una nueva manera de realizarse plenamente y de arrepentirse de los pecados modernos, como el consumo excesivo de azúcar, el tabaquismo o estar tirado frente al televisor. Estas dimensiones ascéticas del yoga postural moderno no difieren de aquellas presentes en contextos religiosos tradicionales.13

Estos diferentes análisis ponen el foco en la dimensión espiritual de los discursos que circulan dentro del yoga postural moderno, que sigue estando profundamente impregnado de las elaboraciones filosófico-religiosas provenientes de los movimientos new age14. Ahora bien, algunos discursos transmitidos por la new age resuenan particularmente con la visión neoliberal del individuo (responsable, autónomo, en constante trabajo sobre sí mismo) que se impone a partir de los años 1980 y 1990. Esta similitud entre ethos neoliberal e ideal contracultural no es fortuita. Deriva de la instrumentalización de la crítica artística del capitalismo por parte de las teorías del management de los años 1980 y 1990, en la que el ideal contracultural estará puesto al servicio del rendimiento y de la competitividad, arrastrando consigo las técnicas de autoexploración desarrolladas y las espiritualidades apropiadas dentro de la contracultura, que se convertirán en técnicas al servicio de la productividad y de la explotación personal.

De la autoexploración al rendimiento

Se observa una sincronía entre el entusiasmo por ciertas técnicas como el yoga o la meditación y el desarrollo de un capitalismo cada vez más exigente. Se asiste a una suerte de captación de estas técnicas para reciclarlas al servicio de la eficiencia y de modos de productividad cada vez más apremiantes. Empresas como Google crean centros de meditación para que sus empleados puedan estar más concentrados en sus actividades. Sin que lo notemos, el gusto por la meditación nos lleva a responder mejor a las vicisitudes de nuestra sociedad y a las necesidades más exigentes del capitalismo contemporáneo.
Antonio Pele, entrevista en Le Monde15

La instrumentalización, a manos de los ámbitos gerenciales, de la crítica artística del capitalismo es descrita por los sociólogos Luc Boltanski y Ève Chiapello en su libro El nuevo espíritu del capitalismo16. Al investigar los manuales de management de las décadas de 1960 y de 1990, los autores analizan el modo en que el capitalismo mutó y perduró entre ambas, cooptando e incorporando parte de las críticas que le fueron formuladas durante los años 60. Demuestran, entre otras cosas, cómo después de 1968 la denominada crítica social del capitalismo, centrada en la cuestión de la explotación de los trabajadores y en la denuncia de la producción de desigualdades económicas y sociales por parte del sistema capitalista, es dejada de lado y neutralizada mediante la incorporación, dentro de la propia empresa, del otro sector de la crítica del capitalismo formulada en la misma época: la denominada crítica artística, que proviene principalmente de los ámbitos intelectuales, omnipresente en los círculos hippies y new age, que denunciaban la represión de la creatividad, de la realización personal y de la autenticidad por parte del sistema capitalista. 

El contexto político y económico de mediados de los años 70 es ciertamente muy distinto de aquel que vio nacer la contracultura: en 1973, la primera crisis del petróleo marca el fin de los Treinta Años Gloriosos, periodo de prosperidad económica. En plena época de liberalización económica, las empresas buscan establecer nuevos modos de organización más flexibles, mejor adaptados a un nuevo entorno más competitivo y cambiante. Al alejarse así de los modos tradicionales jerárquicos de toma de decisiones, las nuevas teorías del management imaginan otras maneras de organizar el poder y la coacción en las empresas, que ya no se basan en órdenes directas, sino en «el desarrollo de técnicas que inducen a las personas a hacer de manera aparentemente voluntaria lo que se desea que hagan»17. Estos modos de organización valorizan un nuevo perfil del empleado ideal, el mismo perfil tipo que el que promueve la crítica artística del capitalismo: un individuo autónomo, adaptable, creativo, en perpetua búsqueda de perfeccionamiento personal y de autorrealización. Al poner el foco en la singularidad del individuo y en el desarrollo continuo de su «capital humano», indisociable de su ser, estos modos de organización inauguran una nueva relación con el trabajo: el del reclutamiento de la subjetividad del individuo al servicio de los objetivos de la empresa18. De este modo, Véronique Altglas afirma que «el ideal del empleado que puede readaptarse, cuyas capacidades y cuyo desarrollo de potencial serían ilimitados, encuentra grandes afinidades con el ethos de los movimientos pospsicoanalíticos o espirituales que alientan el desarrollo y la transformación personal»19. Con el nuevo espíritu del capitalismo, el trabajo ya no es sinónimo de labor, de hastío y de alienación, ya no es un simple medio de subsistencia, sino que se convierte en el lugar mismo del crecimiento y de la autorrealización. El remedio contra el desencanto y contra el tedio de las jornadas laborales repetitivas ya no reside, como en los años 60, en el drop out, en «desconectarse» de la sociedad capitalista para dedicarse a la exploración de sí, sino en el hecho de realizarse a través del trabajo. En otros términos, el capitalismo tardío sugiere a los empleados que, si cumplen con los objetivos de la empresa, estarán cumpliendo con su propia realización, lo que redunda en un reclutamiento total de las subjetividades de los individuos, que los alienta a realizar un trabajo perpetuo sobre sí mismos para responder a las exigencias de competitividad y de productividad de la empresa20. La socióloga Carolyn Chen, en su libro Work Pray Code: When Work Becomes Religion in Silicon Valley [Trabajar, rezar, escribir código: cuando el trabajo se transforma en religión en Silicon Valley]21, compara además esta implicación absoluta en el trabajo con una actitud religiosa, aun cuando el trabajo se convierte, para los individuos, en una fuente privilegiada de identidad, de sentido, de pertenencia y de trascendencia. Al hacer coincidir realización personal y metas empresariales, crecimiento personal y trabajo, bienestar y productividad, los nuevos métodos de management inducen a los sujetos a una autodisciplina constante, en apariencia voluntaria, al servicio de la empresa22. Surgen, entonces, en la costa oeste de Estados Unidos, los sistemas de incentivos para los empleados, las organizaciones en redes y la gestión por objetivos, y se desarrollan las «culturas empresariales» y el coaching laboral, implementado por los jefes de recursos humanos, ahora convertidos en Chief Happiness Officier23. En este contexto, «se invita a los directores a convertirse en ‘coachs’ o en ‘psis’ para ‘desarrollar al individuo’ y ‘hacer emerger su potencial’. El desarrollo personal en las empresas está en su apogeo y, con él, la idea de que es conveniente para ellas impulsar el autoconocimiento, las capacidades relacionales y la autonomía de los actores, en adelante ascendidos al rango de ‘personas’»24. En la década de 1990, estas mutaciones del trabajo fomentan que las firmas recurran cada vez más a técnicas de crecimiento personal, concebidas inicialmente como emancipadoras, a los fines de una mayor adaptabilidad de los asalariados a las exigencias de competitividad y de flexibilización de las empresas. pnl25, eneagrama26, meditación de conciencia plena (mindfulness) y pirámides de las necesidades son algunas de las tantas técnicas experimentadas dentro de la contracultura hippie que terminan siendo puestas al servicio del bienestar y de la salud del trabajador, como una forma de aumentar su compromiso con la empresa y su productividad27. El yoga seguirá la misma suerte poco después, con un énfasis en el manejo del estrés, pero también en la cuestión del sedentarismo. 

El auge de las técnicas de desarrollo personal en las empresas se ve reforzado mediante la formalización de una nueva disciplina a finales de los años 1990, que servirá para otorgar legitimidad científica a las teorías provenientes de la psicología humanista, la literatura de desarrollo personal y la cultura del coaching: la psicología positiva28. Desarrollada por Martin Seligman en 1998, la psicología positiva parte de la misma premisa que los enfoques de la psicología humanista de los años 60 y 70, que consiste en analizar ya no los estados patológicos, sino, al contrario, el funcionamiento de los individuos más resilientes, más felices de nuestra sociedad, con la esperanza de extraer de ese estudio una verdadera «ciencia de la felicidad» aplicable a todas y a todos. La ambición científica de la psicología positiva no deja de plantear una serie de interrogantes, a la vez metodológicos, como por ejemplo la posibilidad de objetivar la propia noción de felicidad, la manera de medirla, los sesgos inducidos mediante la autoevaluación, pero que también pueden ser éticos y morales, entre psicologización e individualización del sufrimiento, responsabilización excesiva del individuo sobre su propia suerte y desvío de la acción colectiva29. La psicología positiva formula las siguientes preguntas: ¿por qué, ante la adversidad, a algunas personas les va mejor que a otras?, ¿qué habilidades tienen que no tengan las demás?, ¿cómo ayudar entonces a las demás personas para que desarrollen competencias similares? Al plantear la cuestión de la felicidad como si se tratara de un asunto de habilidades y competencias, la psicología positiva se sitúa en la tradición de la literatura del desarrollo personal y de las psicoterapias de Esalen, heredadas a su vez, en cierta medida, del Nuevo Pensamiento. Afirma que la felicidad o el éxito son responsabilidad del individuo y que pueden lograrse a través de estrategias individuales adecuadas, implementadas gracias a un trabajo sobre sí mismo, realizado mediante «técnicas de sí». 

«No son felices a pesar del trabajo, sino gracias al trabajo. (...) Bailan salsa en el trabajo. Meditan en el trabajo. Beben smoothies personalizados y capuchinos en el trabajo. Tocan la guitarra en el trabajo. Cantan en el trabajo. Se desperezan en el trabajo (...), pero ¿a quiénes benefician el bienestar y la felicidad en el trabajo?», finge preguntarse Carolyn Chen30. Detrás de la valorización del empleado adaptable, autónomo y resiliente, y de la utilización en las empresas de técnicas de desarrollo personal, a las cuales son equiparadas la meditación y el yoga, se oculta en realidad un desplazamiento insidioso de la responsabilidad: traslada la carga de la responsabilidad sobre su productividad y sobre su bienestar al propio empleado, una inversión de perspectiva que oculta la responsabilidad inicial del empleador que debería garantizar condiciones laborales adecuadas. Como lo señalan Ron Purser y David Loy: «Las empresas echaron el ojo sobre esta técnica [la meditación] porque les permite hacer recaer el peso de la responsabilidad sobre los hombros del trabajador. Al considerarse el estrés como un problema de orden personal, la meditación de conciencia plena se presenta ante él como una solución milagrosa para trabajar con más eficiencia y serenidad en un ambiente tóxico»31. El interés volcado al bienestar de las trabajadoras y de los trabajadores sería muy bien recibido si no fuera porque se produce en el marco de una creciente precarización de las condiciones laborales, sintomática de aquella transferencia de responsabilidad. En el documental Le business du bonheur [El negocio de la felicidad], Eva Illouz señala que «el mercado económico actual genera presiones psíquicas prácticamente inéditas sobre los trabajadores»32; y Julia de Funès destaca la siguiente paradoja: «Nunca hubo tanta preocupación por el bienestar de los trabajadores y nunca hubo tanto malestar laboral como hoy», tomando como ejemplo el creciente número de licencias laborales por enfermedades de larga duración. El documental expone las siguientes cifras: uno de cada diez alemanes y uno de cada diez franceses afirman padecer sufrimiento psicológico en el trabajo, y un cuarto de la población activa estadounidense ya experimentó un burn out33

Uno de los ejemplos más claros de esta recuperación de técnicas como el yoga o la meditación quizá sea el de la empresa Amazon, cuyas condiciones de trabajo en los depósitos son conocidas por su extrema dureza, y que, en el marco de su programa «WorkingWell», ofrece a su personal cabinas de meditación llamadas «Amazen» para «estimular a los trabajadores y ayudarlos a recargar las pilas»34, videos con afirmaciones positivas y ejercicios de estiramiento en el trabajo, sin por ello replantearse la terrible exigencia de los ritmos laborales y la precariedad contractual que impone a sus trabajadoras y trabajadores. Carolyn Chen observa esta misma lógica dentro de las empresas de Silicon Valley que analizó en el marco de su investigación y señala que los numerosos programas de bienestar destinados al personal de estas empresas intentan legitimar que nunca se cuestionen la organización del trabajo, la carga laboral y el total compromiso con la empresa que se les solicita a los empleados, ya que se pone el énfasis en las iniciativas que buscan «recargar su energía», considerada infinita35. Con falsa ingenuidad, Chen interpela a los servicios de recursos humanos para saber si una forma de luchar contra el estrés o el burn out no implicaría repensar la organización del trabajo, antes que implementar clases de yoga y de meditación, a las cuales, señala además, nadie concurre porque están todos demasiado ocupados trabajando. La observación es rechazada de plano por sus interlocutores36. De este modo, el surgimiento de las técnicas de desarrollo personal en el ámbito laboral, mediante la recuperación de la crítica artística del capitalismo, consagra la transformación de técnicas de autoexploración de la contracultura en técnicas de rendimiento y de adaptabilidad al servicio de las empresas. Como lo destacan Carl Cederström y André Spicer:

Los movimientos de coaching se basan en una idea precisa legada por el pensamiento positivo, que pretende que el individuo tiene el poder de liberar su potencial interior. (...) Contrariamente a los terapeutas new age expertos en prácticas esotéricas, los coachs ponen el énfasis en la obtención de resultados concretos. Conservan la idea inicial de liberar el yo profundo y le añaden una dimensión más deportiva con la noción de máximo rendimiento. En ese sentido, solo podemos convertirnos en nosotros mismos si alcanzamos nuestros objetivos. O cómo la autoexploración y el autodescubrimiento dan paso a la autorrealización y al perfeccionamiento de sí.37

El yoga y la meditación se convierten en métodos que buscan mejorar la productividad, el rendimiento y la empleabilidad, y hoy son elogiados en las grandes revistas de economía como Challenges38, en los libros sobre management39 y en las direcciones de recursos humanos40. Lejos de su promesa inicial de autonomía, la introducción de estas técnicas dentro de las empresas «llevaría entonces la alienación a su paroxismo. Lo que el trabajador debe sacrificar [a la empresa] ya no es su tiempo y su energía: debe aceptar ahora transformar su interioridad para adecuarse al sistema»41.

Más allá de la empresa, la vida como empresa de sí

Sin esperanzas de mejorar su vida en forma significativa, las personas se convencieron de que lo importante era mejorar su psique: sentir y vivir plenamente sus emociones, alimentarse correctamente, tomar clases de ballet o de danzas del vientre, sumergirse en la sabiduría oriental, caminar o salir a correr, aprender a establecer vínculos auténticos con los demás, superar «el miedo al placer».
Christopher Lasch,
La culture du narcissisme42

Mientras que la mitad de los años 70 pone término a un periodo de crecimiento económico y de prosperidad para los países occidentales, y la última parte de los años 80 marca el fin de las grandes utopías políticas, con la idea de una victoria ideológica del capitalismo, el individuo se impone como nuevo horizonte político. Margaret Thatcher, símbolo del giro neoliberal de los años 80, afirma que «no hay tal cosa como la sociedad»43 o incluso que «la economía es el método, el objetivo es cambiar el alma»44, resumiendo así el espíritu de la época. ¿Cómo definir el neoliberalismo? El término siempre genera debate y abarca múltiples significados. Refiere a una visión político-económica particular, que el sociólogo Pierre Bourdieu resume como «un programa de destrucción de las estructuras colectivas capaces de obstaculizar la lógica del mercado»45. La lógica neoliberal, según el sociólogo Christian Laval y el filósofo Pierre Dardot, «transforma todas las instituciones y todos los campos sociales para someterlos a la norma de la competencia y del rendimiento. Así, toda la sociedad debe obedecer a la racionalidad del mercado, incluso los sectores de actividad que no están directamente relacionados con lo comercial, incluso los propios sujetos, que deben satisfacer, con sus actos y sus deseos, el imperativo ilimitado del ‘siempre más’»46. De ese modo, además de una teoría económica y política, el neoliberalismo «ha de entenderse como una filosofía individualista focalizada esencialmente en el yo, y cuyo postulado antropológico principal puede resumirse, según Nicole Aschoff, en la asunción de que ‘todos somos actores independientes y autónomos que, unidos por el libre mercado, construimos nuestro propio destino haciendo sociedad por el camino’»47. A finales de los años 1970, el filósofo Michel Foucault, en su libro Nacimiento de la biopolítica, observa que, en esa «generalización de la forma ‘empresa’ (...), se trata, desde luego, de multiplicar el modelo económico, el modelo de la oferta y la demanda, el modelo de la inversión, el costo y el beneficio, para hacer de él un modelo de las relaciones sociales, un modelo de la existencia misma, una forma de relación del individuo consigo mismo, con el tiempo, con su entorno, el futuro, el grupo, la familia»48. En otros términos, de nada sirve querer cambiar la sociedad, es preferible cambiarse a uno mismo. Mejorar las condiciones de trabajo y de vida o perseguir el bienestar ya no son asuntos colectivos, sino una responsabilidad de los individuos. La transformación colectiva es considerada como el resultado de un cúmulo de decisiones individuales, que pueden expresarse plenamente por medio del mercado, a través de las elecciones de producción y de consumo de cada uno. De aquí en adelante, la prosperidad, el bienestar, la plenitud e incluso la felicidad solo pueden alcanzarse con un esfuerzo personal y un trabajo sobre uno mismo, pero ya no mediante la transformación de las estructuras económicas y sociales. Así, con el advenimiento del neoliberalismo, el imperativo de transformación del sujeto a través de técnicas de sí ya no encuentra un freno en los límites de la empresa. Al haberse extendido la lógica económica de competitividad y rendimiento a todos los ámbitos de la vida, se trata ahora de trabajar en forma permanente para convertirse en la «mejor versión de uno mismo» y asegurarse una mejor existencia. Los individuos y sus existencias se convierten, entonces, en un capital que debe acrecentarse, dar frutos, que debe administrarse, rentabilizarse, optimizarse mediante técnicas y tecnologías49 de sí, inaugurando una relación con uno mismo colonizada por el imaginario operativo y empresarial. La sacerdotisa de la industria del bienestar contemporáneo, la actriz Gwyneth Paltrow, resume esa concepción en forma lapidaria: «Estamos aquí una sola vez, tenemos una sola vida, ¿cómo podemos aprovecharla al máximo?»50. El advenimiento de la era de la responsabilidad personal requiere una utilización cada vez mayor de métodos individuales de transformación y de trabajo sobre uno mismo, ya no para liberar al individuo del yugo conformista de la era fordista, sino, por el contrario, para adecuarse cada vez más a las exigencias de una sociedad en la que el éxito, la salud, el bienestar y la felicidad recaen exclusivamente sobre las espaldas del individuo, como corolario de una coyuntura de planes de austeridad y desmantelamiento de los servicios públicos mencionados por Bourdieu. 

Sucesoras del Nuevo Pensamiento, de los movimientos new age, de las terapias centradas en la persona y de la apropiación de técnicas y conceptos provenientes de las espiritualidades denominadas «tradicionales» –incluidos el yoga y la meditación–, las corrientes del desarrollo personal experimentan un gran auge en aquel contexto, más precisamente en los periodos de crisis económica51. Es lo que demuestra el constante aumento en las ventas de libros sobre salud, bienestar y desarrollo personal desde hace varios años, en una industria editorial, sin embargo, considerada en crisis: así, en 2021, las ventas de libros comprendidos en esta categoría aumentaron 19,8%, según los datos del Sindicato Nacional de la Edición de Francia52. Por su parte, la profesora de psicología positiva Judith Mangelsdorf observa este desplazamiento de lo político a lo individual, al señalar que los libros políticos, que encabezaban las ventas, han sido reemplazados por los libros sobre psicología y bienestar53. Un reflejo de lo que Thomas Luckmann, sociólogo alemán, analiza como el paso «de las grandes trascendencias (la visión de otro mundo) a las ‘trascendencias de alcance medio’ (de tipo político) para culminar en el tiempo de las ‘minitrascendencias orientadas al individuo’»54.

Aquellas obras, herederas del Nuevo Pensamiento y del Movimiento del Potencial Humano, desarrollan globalmente el mismo relato, basado en la creencia según la cual todas y todos dispondríamos de un potencial oculto ilimitado, que deberíamos desarrollar u optimizar mediante diversas técnicas, con el objetivo de ser más felices, más competentes, más exitosos. Al afirmar que la felicidad es un asunto de representaciones y habilidades, que el éxito no es más que una cuestión de organización personal y que la salud no es más que el resultado de una disciplina individual, estos libros buscan responsabilizar al sujeto e invitarlo a «tomar las riendas de su vida» a través de múltiples técnicas deshilvanadas a modo de tips. Les antisèches du bonheur, la méthode simple et efficace pour vivre plus heureux [Apuntes para la felicidad, el método sencillo y eficaz para vivir más feliz]55, Anticáncer. Una nueva forma de vida56, 41 minutes pour être heureux, les 7 piliers du bonheur [41 minutos para ser felices. Los 7 pilares de la felicidad]57, La magia del orden58: los títulos de los libros de autoayuda reafirman la simpleza y la eficacia de sus métodos para responder a las preguntas existenciales de los individuos, a través de una tecnificación y una privatización de estos temas. El corolario de este potencial oculto del que todas y todos dispondríamos es el deber moral de hacerlo rendir: si una vida exitosa es el resultado de técnicas y de una disciplina personal, entonces, una vida desdichada es la consecuencia de la ausencia de disciplina personal, de una falta moral, y solo puede ser atribuida a la mala voluntad del individuo. 

Mejorarse a sí mismo con la esperanza de mejorar su existencia: un tópico que se hace eco de las teorías desarrolladas por la new age a finales de los años 70, que ponían el foco en la transformación individual. En este contexto, el yoga no escapa, por lo tanto, a su reformulación como un método que persigue alcanzar la felicidad, la plenitud o el éxito (cualquiera sea la definición que se le dé) a través de un trabajo sobre uno mismo. Armonía, autoconfianza, realización, autenticidad, pensamientos positivos, prosperidad, felicidad, delgadez, calma, e incluso sex appeal: los libros, las revistas, los programas en línea y las cuentas de Instagram sobre yoga no escatiman promesas de una vida mejor. Devenido en una práctica de desarrollo personal, el yoga se convierte en correa de transmisión de la ideología y de los valores transmitidos por el mismo desarrollo personal, con su propio lenguaje. No se trata de negar la legitimidad de las búsquedas contemporáneas de felicidad y de bienestar; lo esencial es interrogarse sobre el contexto político en el que emergen, la forma en que se plantean, las suposiciones en las que se basan y los puntos de vista sobre el individuo y sobre la sociedad que acarrean. Porque, si miramos de más cerca, algunos discursos que se transmiten dentro del yoga contemporáneo resultan ser extremadamente políticos.

Nota: este texto forma parte del libro El yoga, nuevo espíritu del capitalismo (La Cebra, Adrogué, 2025). Traducción del francés de Elina Kohen.

  • 1.

    Zineb Fahsi: es profesora de yoga en Francia.Palabras claves: bienestar personal, capitalismo, new age, yoga.Nota: este texto forma parte del libro El yoga, nuevo espíritu del capitalismo (La Cebra, Adrogué, 2025). Traducción del francés de Elina Kohen.En Les Grands Dossiers des Sciences Humaines vol. 51 No 6, 2018, p. 8.

  • 2.

    L. Obadia: «Paradoxes, utopies et cécités du modernisme en religion» en Archives de Sciences Sociales des Religions No 167, 7-9/2014.

  • 3.

    A.R. Jain: Selling Yoga: From Counterculture to Pop culture, Oxford up, Oxford, 2014.

  • 4.

    Ibíd.

  • 5.

    Ver V. Altglas: Le nouvel hindouisme occidental, cnrs Éditions, París, 2005; L. Obadia: ob. cit.

  • 6.

    Swami Vishnudevananda: Le grand livre illustré du yoga, Centro Sivananda Yoga Vedanta, París, 1960, p. 23. [Hay edición en español: El libro de Yoga, Alianza, Madrid, 2001].

  • 7.

    Andrea R. Jain: ob. cit., p. 102.

  • 8.

    Sindicato Nacional de Profesores de Yoga: «Práctica del yoga en Francia», encuesta realizada por el Instituto Le Sphynx, 5/2021.

  • 9.

    E. De Michelis: A History of Modern Yoga, Continuum, Londres, 2005, p. 248.

  • 10.

    A.R. Jain: ob. cit., p. 98.

  • 11.

    Wouter J. Hanegraaff: New Age Religion and Western Culture, State University of New York Press, Albany, 1995.

  • 12.

    Weber, en su libro La ética protestante y el espíritu del capitalismo, analiza el desarrollo de este sistema a partir del siglo XVIII a través del despliegue de la ética protestante, y en particular calvinista, basada en la ascesis, el trabajo como vocación a la gloria de Dios y, según la teoría de la predestinación, la búsqueda de la confirmación de la propia salvación mediante el éxito material en este mundo, concebido como prueba de haber sido elegido por Dios para la salvación.

  • 13.

    A.R. Jain: ob. cit., p. 108.

  • 14.

    E. de Michelis: ob. cit., p. 248.

  • 15.

    «L’engouement pour la méditation est une réponse aux exigences toujours plus aiguës du capitalisme», entrevista de Claire Legros en Le Monde, 2/8/2019.

  • 16.

    L. Boltanski y È. Chiapello: El nuevo espíritu del capitalismo [1999], Akal, Madrid, 2002.

  • 17.

    Ibíd., p. 582.

  • 18.

    Frédéric Lordon: Capitalismo, deseo y servidumbre. Marx y Spinoza [2010], Tinta Limón, Buenos Aires, 2015.

  • 19.

    V. Altglas: Le nouvel hindouisme occidental, cit., p. 234.

  • 20.

    F. Lordon: ob. cit.

  • 21.

    Princeton up, Princeton, 2022.

  • 22.

    Ver Valérie Brunel: Les managers de l’âme. Le développement personnel en entreprise, nouvelle pratique de pouvoir?, La Découverte, París, 2008, y F. Lordon: ob. cit.

  • 23.

    «Responsables de la felicidad en el trabajo», función relacionada con la gestión de recursos humanos.

  • 24.

    V. Brunel: ob. cit.

  • 25.

    Programación neurolingüística que, a pesar de su nombre, no tiene nada de científica. Es una técnica de comunicación y de desarrollo personal elaborada durante los años 1970, cuya popularidad, hoy en día, se debe especialmente al autor y coach en desarrollo personal estadounidense Tony Robbins. La Misión Interministerial de Vigilancia y de Lucha contra las Derivaciones Sectarias (miviludes) de Francia menciona este método como de riesgo de derivas sectarias, al igual que el eneagrama.

  • 26.

    Sistema de evaluación de la personalidad basado en nueve grandes tipos, desarrollado por el ocultista Georges Gurdjieff, popularizado dentro de las corrientes de la psicología humanista como método de desarrollo personal y actualmente utilizado en el ámbito del management.

  • 27.

    Sobre este tema, v. el documental Tous en forme et productifs, de Reinhild Dettmer-Finke, Arte, 2018, así como Rémi Dybowski-Douat: Le corps au travail, episodio 1: «Le corps des salariés mis en boite, tisane et naturopathie», podcast en Radio France, 28/3/2022.

  • 28.

    Edgar Cabanas y Eva Illouz: Happycracia. Cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas [2018], Barcelona, Paidós, 2019, p. 99.

  • 29.

    Para un abordaje crítico de la psicología positiva, v. E. Cabanas y Eva Illouz: ob. cit.

  • 30.

    C. Chen: ob. cit.

  • 31.

    Ver Carl Cederström y André Spicer: Le syndrome du bien-être, L’Échappée, París, 2016.

  • 32.

    Jean-Christophe Ribot: Le business du bonheur, arte France / zed, 2022.

  • 33.

    Síndrome de agotamiento laboral o síndrome del «quemado».

  • 34.

    «Des ‘cabines zen’ dans les entrepôts Amazon: même les dystopies n’avaient pas osé» en Courrier International, 5/2021.

  • 35.

    C. Chen: ob. cit., p. 85.

  • 36.

    Ibíd.

  • 37.

    C. Cederström y A. Spicer: ob. cit., p. 20.

  • 38.

    Éric Tréguier: «Stress, pression: comment le yoga peut aider à mieux manager?» en Challenges, 28/12/2020.

  • 39.

    Luc Biecq: Manager comme un yogi, les clés d’un management humaniste et efficace, First, París, 2020.

  • 40.

    Sobre este tema, v. R. Dettmer-Finke: Tous en forme et productifs, cit., y R. Dybowski- Douat: ob. cit.

  • 41.

    Michel Lacroix: Le développement personnel: du potentiel humain à la pensée positive, Flammarion, París, 2004.

  • 42.

    Flammarion, París, 2008, p. 31.

  • 43.

    V. la cita completa: «Creo que hemos pasado por un periodo en el que a demasiados niños y personas se les ha dado a entender ‘Tengo un problema, el gobierno tiene que solucionarlo’ o ‘Tengo un problema, voy a buscar una subvención para solucionarlo’, ‘No tengo casa, el gobierno tiene que alojarme’, y así vuelcan sus problemas sobre la sociedad, ¿y quién es la sociedad? Eso no existe. Hay hombres y mujeres y hay familias, y ningún gobierno puede hacer nada si no es a través de las personas, y las personas se miran primero a sí mismas». M. Thatcher: «Interview for Woman’s Own (‘No Such Thing [as Society]’)», 23/9/1987 en Margaret Thatcher Foundation, www.margaretthatcher.org/document/106689.

  • 44.

    The Sunday Times, 3/5/1981.

  • 45.

    P. Bourdieu: «La esencia del neoliberalismo» [1998] en «Seis artículos de Pierre Bourdieu» en Le Monde diplomatique, Aún Creemos en los Sueños, Santiago de Chile, 2002.

  • 46.

    C. Laval y P. Dardot: «Au comble de la confusion entre ‘libéralisme’ et ‘ultralibéralisme’» en La Croix, 11/4/2014.

  • 47.

    E. Cabanas y E. Illouz: ob. cit., p. 62.

  • 48.

    M. Foucault: Nacimiento de la biopolítica. Curso en el Collège de France (1978-1979) [2004], fce, Buenos Aires, 2007, p. 278.

  • 49.

    Nos referimos aquí al mercado de la salud aumentada: se trata de diferentes técnicas comercializadas que permiten a los individuos hacer seguimientos y mediciones permanentes de parámetros relativos a su salud, con el fin de optimizarla, a través de diferentes objetos conectados, aplicaciones de smartphone, etc.

  • 50.

    Presentación de lanzamiento de la serie The Goop Lab con Gwyneth Paltrow, emitida en Netflix desde 2020.

  • 51.

    Ver E. Cabanas y Eva Illouz: ob. cit., donde se señala el uso frecuente de las teorías de la psicología positiva por parte de políticos particularmente durante la crisis financiera de 2008.

  • 52.

    Wassila Belhacine y Marie-Ève Lacasse: «Développement personnel, les doigts dans le zen» en Libération, 29/7/2022.

  • 53.

    Le business du bonheur, cit.

  • 54.

    David Bisson: «La spiritualité au miroir de l’ultramodernité» en Amnis vol. 11, 2012.

  • 55.

    Jonathan Lehmann: Les antisèches du bonheur, la méthode simple et efficace pour vivre plus heureux, Harper Collins, Nueva York, 2020.

  • 56.

    David Servan Schreiber: Anticáncer. Una nueva forma de vida, Espasa, Madrid, 2008.

  • 57.

    Géraud Guillet: 41 minutes pour être heureux. Les 7 piliers du bonheur, First, París, 2022.

  • 58.

    Marie Kondo: La magia del orden, Aguilar, Buenos Aires, 2015.

En este artículo
Este artículo es copia fiel del publicado en la revista
ISSN: 0251-3552
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